Poco espacio para seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes
Escribe Juan Pablo Ronderos (*)
Entonces, la pregunta obligada es si hay alternativas. En abeceb.com creemos que sí las hay. Pero que son cada vez menos las que están disponibles (y van quedando en el camino a un ritmo cada vez más acelerado), y que los costos de implementarlas crecen con el paso de los meses. Así, hoy estamos en un peor escenario en términos de posibilidades de maniobra respecto de fines de 2011, cuando se decidió tomar la senda actual.
La lista de opciones puede hoy todavía ser larga (incluso cuando se acorte aceleradamente con el paso del tiempo), pero se pueden mencionar quizás las más importantes y "sencillas" de elegir –aunque, como se dijo unas líneas más arriba, hoy por hoy no hay salidas sin costos-. En primer lugar, parece inevitable actuar sobre una estrategia que contenga y enfrente todas las aristas que hoy explican el aumento sostenido de los precios. Sin un plan que incluya todos estos aspectos, será infructuoso –y se podría decir que riesgoso- intentar compensar la pérdida de competitividad producto del atraso cambiario a través de una aceleración del ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial. Y no vale la pena ni pensar en una solución a la existencia de un mercado paralelo sin tomar estos recaudos.
Un paso bien diseñado, implementado, coordinado y correctamente comunicado en este campo sería fundamental para avanzar sobre otro aspecto clave como las tarifas de los servicios públicos, que necesitará además de un gran esfuerzo en este mismo sentido: diseño, implementación, coordinación y comunicación del marco tarifario, en particular sobre los precios de la energía. Este rubro del gasto público representa alrededor de 4,5% del PIB, siendo en gran medida el culpable del déficit primario y, por ende, la principal causa de la dominancia fiscal sobre la política monetaria, léase emisión para financiar al Tesoro-.
Con algunas de estas medidas en marcha, no sería descabellado pensar en una estrategia para volver a los mercados financieros internacionales y para captar inversiones extranjeras, que permitan despejar la restricción externa, financiando y minimizando los costos de salida del laberinto en que está inmersa la economía en la actualidad. Para esto será necesario actuar en varios frentes, como un arreglo con el Club de París y una solución lógica a la situación con el FMI. Pasos que no son sencillos pero tampoco imposibles, aunque pueden complicarse de acuerdo al fallo final en el pleito con los tenedores de bonos en default en Nueva York.
La lista podría seguir. Pero luego de enumerar este listado corto de condiciones imprescindibles para enfrentar un cambio no parece necesario extenderla mucho más. Es que a primera vista suena poco probable pensar en un escenario donde el gobierno, poco propenso a cambiar y que cuando lo ha hecho optó por un camino opuesto, elija un sendero que incluya estos primeros puntos de manera integral. No sólo porque implicaría un giro importante sobre lo hecho hasta acá en los últimos años, sino porque además de optar por este cambio ni siquiera tendría asegurado el éxito.
Por un lado, porque todas estas medidas implican costos (políticos y económicos) altos sin beneficios tangibles en el corto plazo, dado que su implementación es lenta en muchos casos. Pero, además, porque la credibilidad del gobierno es hoy baja, por lo que el esfuerzo para "vender" el cambio de estrategia es mucho mayor, lo que demanda capacidades de gestión y comunicación que hoy parecen faltar. Así, el sólo anuncio de un cambio en este sentido puede no ser suficiente dado el historial. Y se suma también el hecho de que un gobierno con menos poder político (de confirmarse las encuestas que adelantan un resultado ajustado para el oficialismo) tiene menor capacidad de maniobra y menos "espalda" para llevar adelante una estrategia integral y costosa como la que aparece como alternativa.
¿Cuál es entonces el escenario que podemos esperar para el período que comienza el lunes 28 de octubre? Desde nuestra perspectiva, seguir haciendo más de lo mismo implica riesgos muy altos y creemos que el gobierno está al tanto de estos peligros (no ignora de hecho la señal que significa la caída constante de reservas internacionales desde hace meses). Pero tampoco vislumbramos un escenario donde las autoridades opten por un giro completo. Así, nuestro escenario base para lo que viene incluye un mix de ambas alternativas. Es decir, un avance probablemente tímido del gobierno sobre ciertas cuestiones imprescindibles, pero siguiendo la regla de hacerlo sin una mirada integral de la cuestión.
Seguramente veremos un ajuste de tarifas que permita al menos desacelerar el crecimiento de los subsidios, dando algo (poco) de aire a las cuentas fiscales y, por ende, a la política monetaria. También esperamos una continuación de la aceleración del ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial, aunque sin grandes saltos. Y, en un segundo escalón, vemos cierta probabilidad de que se comiencen a dar señales de acercamiento al Club de París para destrabar el acceso a fondos externos, en un principio al menos de organismos internacionales y de bancos de inversión de países desarrollados orientados a financiar obras de infraestructura. También creemos que se repetirá el caso Chevron, con decretos a medida que destraben inversiones de cierta dimensión.
Sin embargo, la timidez de los avances esperados junto con los desafíos que enfrenta el gobierno (complejidad de los problemas, tiempos de implementación y maduración de las medidas, falta de credibilidad, poca capacidad de gestión, probable debilitamiento político) conforman un mix que lejos estará de despejar los nubarrones que se ciernen sobre la economía argentina. Así, dentro de nuestro escenario base esperamos para los próximos dos años una economía mediocre, con poco crecimiento, nula o leve capacidad de creación de empleo privado, inflación elevada pero sin salirse de control, una restricción externa vigente, problemas y ruidos en el mercado cambiario, etc.
De cumplirse este escenario, la necesidad de cambio será imperiosa en 2015. Aunque para ese momento las perspectivas son más favorables, con un mundo que prevemos positivo para nuestra economía en el mediano y largo plazo por una convergencia de factores estructurales.
(*) Economista. Gerente de Desarrollo de Negocios de Abeceb.
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