Redistribuir los recursos
Integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular, Lucía Giambroni analiza el contexto de la baja de los subsidios al gas y el agua y las críticas de la oposición.
Desde el anuncio, lo que el Estado deja de gastar en subsidios será destinado específicamente a los programas PRO.GRE.SAR y Asignación Universal por Hijo, para continuar apuntalando el ingreso y específicamente el poder de compra de estos sectores, que estarían recibiendo un doble beneficio: por un lado, la recepción de una asignación familiar exime a la persona de ser alcanzada por la reducción del subsidio, es decir que lo mantienen completo, y por otro lado, los programas antes mencionados se verían nutridos por el ahorro que esta reducción le implica al Estado.
Pero además existen otros elementos que permiten descartar de lleno las declaraciones que hablan de "tarifazo" o hasta "cambio de rumbo". Por un lado la lista de salvedades para que no se efectúe la reducción contempla múltiples y diversas situaciones en las cuales una reducción en el subsidio constituiría un impacto muy alto. Además, existe la posibilidad de conservar la totalidad del subsidio si se reduce el consumo, es decir que se estimula al usuario a efectuar una utilización medida y responsable del recurso. De hecho, nuestro país tiene un consumo residencial de gas natural notoriamente superior al existente en el resto de la región. Por tanto, si hay un compromiso individual de reducir el consumo, el usuario es premiado con la percepción de la totalidad del subsidio. Pero de ser el caso mayoritario, no solamente existe el beneficio personal, sino que el país en conjunto se vería beneficiado ya que se reducirían los montos de importación de gas natural, aliviando así la balanza comercial.
Por último, es importante destacar que la medida no alcanza a las industrias, por lo cual se protege la competitividad de la producción, pero a su vez se evita que un aumento en el costo pueda reflejarse en los precios. Sin embargo, tanto el ministro de Economía como la Presidenta, han hecho especial énfasis en que existirá una supervisión para que las compañías retribuyan este esfuerzo. En caso de que se observen actividades tales como desabastecimiento o aumentos injustificados en precio, los subsidios serán retirados.
Si analizamos las críticas recibidas tras el anuncio, sorprende un poco ver que provienen de los mismos sectores y referentes que desde hace años identifican como el fruto de todos los males el gasto que hace el Estado en subsidios y políticas redistributivas. Por tanto, antes de atender a críticas tendenciosas y eternamente contradictorias, hay que considerar el beneficiario final, que no es más que el pueblo argentino y, fundamentalmente, los sectores más vulnerables.
(*) Lucía Giambroni es profesora de Historia del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
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