El diputado nacional por la Unión Cívica Radical analiza el camino recorrido desde el 10 de diciembre de 1983 a la luz de los avances alcanzados y los desafíos que restan por superar.
Escribe Ricardo Alfonsín (*)
Todos los aniversarios implican la oportunidad de mirar atrás, y pensar hacia adelante: en cualquier cumpleaños, recordamos nuestro pasado y pedimos deseos para nuestro futuro. Queremos, entonces, celebrar estos 30 años de democracia sin apelar a la nostalgia de la primavera que ya pasó pero con la vista puesta en las cuentas pendientes de estas tres décadas, sin dejar de considerar lo que hemos sido capaces de construir desde 1983 y que se resumen en la promesa de Raúl Alfonsín en la que todos estamos embarcados: nunca más habrá autoritarismo en la Argentina.
El medio vaso lleno de la democracia es innegable: le dimos un ejemplo de coraje cívico al mundo siendo los primeros que juzgaron a sus dictadores sin el respaldo de un ejército vencedor, terminamos con la censura, reestablecimos la Universidad abierta y reformista, avanzamos en derechos civiles y sociales, cuyas bases fueron puestas en el primer gobierno de la transición con leyes como Divorcio vincular y Patria potestad compartida y consolidadas en la Constitución reformada de 1994, sentamos las bases para la integración latinoamericana y la defensa de los pueblos de nuestra Patria grande.
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Pero si en 1983 nos hubieran invitado a pensar la Argentina que tendríamos 30 años después, habríamos pensado algo distinto a lo que vivimos hoy.
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El medio vaso vacío: no hemos podido utilizar los mecanismos que brinda la democracia para procurar el desarrollo del país. En la última década contamos con posibilidades únicas para hacerlo y hemos dejado pasar la oportunidad de construir un Estado más eficiente que garantice educación masiva y de calidad, servicios de salud y un seguro médico universal, desarrollo energético, terminar con el hambre y con el atraso que padecen muchos argentinos, un plan de industrialización que termine con la dependencia de las materias primas y las ponga al servicio de la generación de trabajo genuino, etc.
La Democracia nos ofrece el método para saldar estas deudas. Asumimos como indispensable reparar nuestras instituciones republicanas y mejorar nuestra cultura política, recuperar la capacidad de dialogar, sin que se busque imponer verdades y relatos únicos, elevando el nivel del debate público que se concentra más en las consignas y en las figuras que en las ideas y las propuestas, y mejorar el funcionamiento democrático de los partidos, invadidos por personalismos y faccionalismos.
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En 1983, el candidato electo Presidente nos decía que con la democracia "se comía, se curaba y se educaba". No era una promesa, sino la afirmación de lo que creemos: sin democracia no hay derechos sociales que se puedan realizar; y si esos derechos no se realizan, no hay democracia plena.
El mejor homenaje que podemos hacerle en este aniversario a Raúl Alfonsín, es consumar su obra.
(*) Ricardo Alfonsín es diputado nacional por la Unión Cívica Radical (UCR)
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