Una economía sólida y con perspectivas de crecimiento

El economista y politólogo Arturo Trinelli explica por qué la economía argentina puede crecer 5% este año.


Si bien no resulta sencillo hacer pronósticos concluyentes frente a una crisis internacional de alcances aún imprevistos, parece claro que la economía argentina en el 2013 no atravesará grandes dificultades. Al menos no las del año pasado, cuando la desaceleración de Brasil impactó de lleno en nuestro país y condujo a una baja de la actividad económica, especialmente durante el primer semestre.

Ratificando el repunte manifestado en el último trimestre del 2012, la Argentina puede crecer en el 2013 a una tasa del 4 o 5%, lo que en la actual coyuntura sería por demás aceptable. Quizás sea una tentación atribuir esa expansión de la actividad económica al esfuerzo por incrementar la obra pública, mejorar los servicios y sostener el consumo en un año electoral.

Sin embargo, parecería más oportuno pensar en la sustentabilidad macroeconómica actual del país como principal fundamento para sostener ese crecimiento, en una Argentina que no tiene ninguna restricción estructural que pudiera impedirle hacerlo, aún frente a la inestabilidad global actual.

Veamos: hay bajo nivel de endeudamiento en dólares; el país no está en los mercados financieros -por tanto tiene baja exposición directa a sus desequilibrios- y los problemas de balanza de pagos por endeudamiento ya no existen.

El perfil de la deuda, conforme la política de desendeudamiento vigente desde el 2005, hacen prever una incidencia cada vez menor de los compromisos de pago. Los vencimientos de capital para este año totalizan u$s 9.300 millones, y los de intereses u$s 5.900 millones.

Si bien el total no difiere mucho de lo pagado el año pasado (serían u$s 15.200 contra los u$s 15.700 de 2012), es ostensiblemente menor la deuda con los acreedores privados, que trepa hasta los u$s 5.500 millones contra los u$s 7.400 del 2012.

Por otra parte, se espera también un repunte de la actividad económica en Brasil, que tuvo dos años muy mediocres y para el 2013 podría crecer un 3%, con lo cual Argentina garantizará un piso más alto en exportaciones industriales- especialmente autos-, de las que Brasil absorbe la mayor parte.

La política de sustitución de importaciones, a su vez, equilibró mucho más el comercio del país con su principal socio, una tendencia que parecía irreversible y en aumento según los indicadores de los últimos años. Se pasó de u$s 5.800 millones en el 2011 a u$s 1.500 millones de déficit el año pasado.

El desafío será sostener un comercio bilateral cada vez más equilibrado para reducir el déficit intrasectorial del sector automotriz, intensivo en mano de obra pero todavía muy dependiente de las manufacturas brasileñas.

El sector agropecuario, por supuesto, continuará siendo parte importante de la estructura productiva argentina. La cosecha de soja prevista para el año- 110 millones de toneladas- con la oleaginosa en permanente elevada cotización, asegura también una importante cantidad de dólares.

La administración del mercado de cambios ha mostrado su efectividad para reducir la fuga de capitales, con lo cual es de esperar que la medida se sostenga tal como hasta ahora. Mientras que durante el tercer trimestre del 2011 la fuga había sido de u$s 8.443 millones, entre julio y septiembre pasado no solamente no hubo formación de activos externos sino que se registró un modesto saldo a favor de u$s 6 millones, en un hecho que no se verificaba desde el 2007.

La necesidad de cuidar divisas que alejen el riesgo de restricción externa aparece, pues, como prioritario, en el siempre complejo objetivo de profundizar un modelo económico caracterizado por el crecimiento industrial y la inclusión social. Además, el sistema financiero es robusto y los bancos han sido persuadidos a aumentar y diversificar sus líneas de crédito para la producción, lo que hace preveer mayores niveles de inversión.

En suma, todo indica que estaremos frente a un año económico sin grandes sobresaltos, con una macroeconomía sustentable y buenas perspectivas de crecimiento en un escenario de incertidumbre global, donde los países emergentes continuarán siendo determinantes en el crecimiento del PBI mundial frente a la depresión de las economías tradicionales de Occidente.


Arturo Trinelli
Politólogo (UBA) e integrante del GEENaP

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