*Con una enorme cuota de sentido común sumada a la experiencia que viene cosechando en la montaña rusa de la pantalla, Mariano Peluffo pintó la cruda realidad de la TV a través de la teoría del rating y el spiedo. Te la contamos.
Sucedió en “El debate” el martes último. Chanza va, chanza viene, el conductor del ciclo, Mariano Peluffo, con la ayuda del musicalizador, se estaba divirtiendo junto a los participantes eliminados de la casa de “Gran Hermano”. Cuando le llegó el turno a Leandro, la broma fue por el lado del chiste que ya es un clásico en el ciclo de Telefé: presentarlo como un gran pensador. Con sentido del humor, como es su estilo desde que salió del juego, Leandro pidió que dejaran de tomarle el pelo porque después terminaban cargándolo en “esos programas de dos puntos (de rating)”.
Aunque dicho en solfa, el comentario permitía entrever tanto sobre la televisión y sus leyes no escritas que Peluffo aprovechó la ocasión para pintar la cruda realidad del medio. Entre risas, se acercó al exjugador y le habló en tono paternal y divertido. “¡Ojo! que yo hice muchos programas de cero coma cero algo (puntos de rating)”, le advirtió. “Ahora, estoy acá_ dijo en relación a “El debate” y su alto nivel de audiencia_ pero cuando esto termine…”. Y, con la calma de los que aprendieron en el propio pellejo que el rating es un palo enjabonado, le dio a Leandro la regla de oro para cualquiera que piense hacer carrera en la TV. “Esto es un spiedo_ graficó_: uno va girando, a veces estás arriba y después abajo”. Más sensato, imposible.
A Leandro, como a cualquiera que estuviese en su lugar, 2 puntos de rating le suenan a fracaso. Es comprensible: en el espasmo que va de ser un desconocido a estar en la cresta de la ola mediática, casi todos perderíamos el sentido de las proporciones. Sin embargo, las cuentas claras muestran otro paisaje. A saber:
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¿Cuánto es 1 punto del rating? En Capital y Gran Buenos Aires, 1 punto de rating equivale a 96.782 individuos, conforme a los datos oficiales de la empresa que realiza las mediciones de audiencia, Ibope. Es decir, que los 2 puntos a los que Leandro se refirió con escaso entusiasmo significan que su mensaje llega a 193.564 personas. Claro, mirada con los ojos de Marcelo Tinelli o Susana Giménez, acostumbrados a captar la atención de millones de espectadores, esa teleplatea resulta raquítica. Pero imaginada por cualquiera de nosotros, es decir, por los que desconocemos la experiencia de ser vistos y escuchados por tamañas multitudes, ese número cercano a las doscientas mil personas es una enormidad.
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Exactamente esa sensación habría tenido Leandro si antes del 9 de enero último, alguien le hubiera dicho que iba a tener que hablar y exhibirse ante esa cantidad de gente. Pero aquel día comenzó “Gran Hermano” y con las altísimas y sostenidas mediciones sumadas a la cantidad de programas en los que el ciclo es el pan de cada día, todos fuimos perdiendo los parámetros. Medidos con la vara de un fenómeno televisivo mundial como es “Big brother”, 2 puntos de rating pasan a ser menos que nada en el imaginario colectivo. Incluso para aquellos que rara vez hemos sido escuchados por más de diez o veinte personas junta, entre los que tal vez esté incluido el bueno de Leandro.
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Lo interesante de ese segmento de “El debate” fue que una persona habituada a ganarse la vida en la TV demostrara que ha conservado la brújula de la sensatez y que a la hora de dar consejos a los principiantes, les señalara, sin ninguna demagogia, dónde está el Norte mientras tantos se ocupan de distraerlos con la espuma de la celebridad repentina. Después, no decir que Peluffo no les avisó. El que avisa no es traidor.
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