¿Cuál fue el rol de Bonadio en el juicio por encubrimiento del atentado a la AMIA?
Este jueves comienza el juicio por el encubrimiento del atentado a la AMIA, en el que el el magistrado Claudio Bonadio tuvo un rol pólemico. El juez instruyó la causa por cinco años hasta que en 2005 la Cámara Federal se la sacó porque no había investigado nada para favorecer a sus amigos el ministro del Interior Carlos Corach, el juez Juan José Galeano y el comisario Jorge "Fino" Palacios. Para colmo, armó entonces una causa paralela para espiar la otra y desató una guerra con el espía Antonio "Jaime" Stiusso.
Claudio Bonadio
Lo que se investigaba originalmente era que el comisario Palacios debía allanar domicilios de la familia de Alberto Kanoore Edul el 1º de agosto de 1994, pocos días después del atentado contra la AMIA. La sospecha contra Kanoore venía porque ocho días antes del atentado llamó por teléfono a Carlos Telleldín, el armador de autos truchos que tuvo en su poder la camioneta que –según el Tribunal Oral– fue usada para cometer el atentado. Pero, además, hubo un camión que dejó un volquete frente al edificio de la AMIA cinco minutos antes de la explosión. En la hoja de ruta que tenía el chofer del camión figuraba que pasó por un predio de Kanoore Edul antes de dirigirse a la AMIA. A esto se agrega que la empresa de volquetes tenía antecedentes de haber comprado Amonal, el material usado en el explosivo.
Más allá de la solidez de estas evidencias, lo cierto es que se ordenó el allanamiento a tres propiedades de Kanoore Edul. En los procedimientos hubo todo tipo de irregularidades, lo que motivó la denuncia contra Palacios. El jefe policial o alguien de su entorno registra dos llamados a celulares pertenecientes a Kanoore, lo que hace suponer que le avisaron del procedimiento. En lugar de allanar a la mañana, se hizo mucho más tarde, cuando todos en la cuadra sabían que se estaba por tomar esa medida. Se hizo un allanamiento, otros dos no se concretaron y prácticamente no se secuestró nada.
Durante aquella jornada del 1º de agosto, Kanoore Edul padre, conocido de Carlos Menem, se dirigió a la Casa Rosada y se entrevistó con el hermano del presidente, Munir. Eso llevó a que sólo se hiciera uno de los tres allanamientos y que se suspendiera la intervención telefónica a los Edul. Mientras a algunos imputados se le hicieron escuchas durante años, a los Edul se los dejó de escuchar al día siguiente.
Todos estos elementos eran materia de investigación, junto con la desaparición de cassettes, el pago a Telleldín y otras irregularidades. Pero en 2005, en agosto, el fiscal Nisman presentó una nueva denuncia porque uno de los policías que participó del allanamiento a Kanoore Edul, el principal Carlos Alberto Salomone, declaró que la firma en las actas no era la suya, que se la falsificaron. En lo que fue claramente una maniobra inexplicable, Bonadio –que intuía que le quitaban la causa principal de las irregularidades– armó un expediente paralelo. En lugar de poner, como correspondía, la cuestión de la firma trucha en el expediente de las irregularidades, dejó la denuncia en una causa aparte en la que, supuestamente, sólo se investigaban las firmas falsas.
Amigos
Con ese expediente paralelo en sus manos, Bonadio se dedicó a recopilar información. Pidió medidas que no tenían nada que ver con las firmas: los números de celulares que se usaron en los allanamientos, los entrecruzamientos de llamadas, información acerca de los testigos y que se le remitan todas las declaraciones. Según la denuncia de Stiuso contra Bonadio, el objetivo era juntar los datos que necesitaba la defensa de Palacios.
Aun en esa causa paralela, Bonadio tardó tres años en llamar a Palacios a declaración indagatoria. Lo hizo en noviembre de 2008, pero antes libró un oficio a la UFI- AMIA reclamando "todos los informes y listas de comunicaciones y quienes hicieron los llamados". En otras palabras, estaba pidiendo –dice la denuncia de Stiuso– todos los datos existentes sobre el celular 154-446-0442 que supuestamente usaba la gente de Palacios y desde el cual se comunicaron con Kanoore Edul antes de los allanamientos.
Al final, Bonadio le echó la culpa de las actas falsas a otro comisario, Carlos Antonio Castañeda, pero como era de esperar, la Cámara anuló el procesamiento de Castañeda y también le quitó esta causa a Bonadio, con durísimas críticas. Eso ocurrió en mayo de 2010.
El siguiente paso fue el lógico: que el expediente referido a las firmas truchas del allanamiento se uniera a toda la investigación sobre el encubrimiento y las irregularidades. Por eso quedó en manos del juez Ariel Lijo: "Las actuaciones en el caso de las firmas deben ser anuladas –escribió Lijo– porque han sido realizadas por un magistrado cuya continuidad frente a la investigación de las irregularidades del atentado contra la AMIA estaba vedada por su falta de imparcialidad". Esta decisión fue confirmada por la Cámara Federal.
Visita
Antes de ser apartado del expediente paralelo, cuando Bonadio todavía investigaba a Palacios, el magistrado visitó al comisario en el penal de Marcos Paz, según otra denuncia, esta vez realizada por el fiscal Alberto Nisman en 2010. Nisman entregó un informe en el que dejaba constancia que Bonadio visitó a Palacios en diciembre de 2009.
Al cuadrado
Al juicio oral que empieza mañana se llega después de 19 años en que los familiares, principalmente los agrupados en Memoria Activa, pelearon para que los que frenaron pistas y desviaron la investigación fueran juzgados.
En el banquillo estarán sentados, por primera vez en la historia, ex gobernantes, ex jefes de inteligencia, un ex juez, ex fiscales y un ex dirigente de la comunidad judía (ver aparte). El Tribunal Oral que intervino entre 2000 y 2004 dijo sobre ellos que "protagonizaron un armado al servicio de políticos inescrupulosos". En la mesa de reflexión realizada el lunes en el Colegio de Abogados, familiares y letrados coincidieron en que Bonadio también tendría que estar en el banquillo de los acusados:
-Tuvo en sus manos la causa por el encubrimiento a lo largo de cinco años. La Cámara lo desplazó porque no había hecho nada y porque había ocultado que instruía un expediente en el que se investigaba a su ex jefe –Corach– y a sus amigos, Galeano y Palacios.
- Armó, también durante cinco años, una causa paralela en la que ahora se lo denuncia por prevaricato, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Pero ya antes de la denuncia, la Cámara le sacó este expediente y luego se anuló todo lo que hizo. Familiares y letrados coincidieron el lunes en que, al estilo de la actuación de Bonadio, hubo un permanente encubrimiento del encubrimiento: jueces, fiscales y factores de poder que hicieron todo lo posible para que este juicio no se hiciera.
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