El primer sacerdote condenado por los crímenes de la dictadura
El sacerdote Christian Federico Von Wernich se convirtió hoy en el primer representante de la Iglesia
Católica latinoamericana en ser condenado por su participación en crímenes cometidos durante la última dictadura.
Von Wernich operó durante la represión ilegal como un colaborador activo del esquema represivo bonaerense, con paselibre para descender a los centros clandestinos de detención para extraerles información a los testigos, según dio por probado el tribunal que lo juzgó.
"Voy a estar rezando por tu alma", prometía el ex capellán de la Policía Bonaerense y confesor del ex jefe policial Ramón Camps a los detenidos desaparecidos que visitaba en los calabozos para "asistirlos espiritualmente" y "convertirlos".
El objetivo era simple: llegaba casi siempre después de terribles sesiones de tortura y los interrogaba hasta lograr que delataran a sus compañeros y -en algunos casos- pasaran a integrar el Grupo de Tareas de las fuerzas represivas de La Plata, comandado por Camps y por el director general de Investigaciones, Miguel Etchecolatz, condenado el año pasado.
Siempre con su mejor sonrisa se presentaba con sotana o una simple camisa ante las víctimas de la represión ilegal que rogaban clemencia y regalaba promesas de libertad a cambio de colaboración, según detallaron testigos y víctimas que sobrevivieron al horror.
Pero los testimonios que terminaron de inculpar al sacerdote fueron los relacionados con el homicidio múltiple del llamado Grupo de los Siete, un conjunto de militantes jóvenes de Montoneros a quienes había logrado convencer, para que -bajo su "protección"- colaboraran con la maquinaria represiva
platense.
"De qué centros clandestinos hablan si yo entraba a todas partes sin tocar el timbre cuando visitaba a los subversivos en los destacamentos policiales y en los militares", se jactaba Von Wernich a poco de retornada la democracia, al justificar su paso por los centros conocidos Puerto Vasco, Coti Martínez y Pozo de Quilmes.
Incluso, Von Wernich llegó a elogiar la represión ilegal de la dictadura argumentando que era "una guerra santa contra la subversión comunista". Según relata el periodista Hernán Brienza en su
briografía "Maldito Tu Eres", Von Wernich nació en Concordia, en el seno de una familia adinerada y en su legajo constan hechos de antisemitismo, festejos por el golpe de 1955 y peleas callejeras por la educación laica o libre.
Convertido en sacerdote a principios de los años ´70, se presentaba como un cura amigo y cómplice de los jóvenes, hasta que ingresó como capellán de la Policía y comenzó a visitar los centros clandestinos de detención.
Con el nacimiento de la democracia, en 1985, declaró en el Juicio a las Juntas, acusado de encubrir torturas y desapariciones, y fue destituido como suboficial de la Policía Bonaerense.
Von Wernich pidió en 1988 su traslado a la ciudad de Bragado, donde por ocho años soportó protestas y marchas de los vecinos, encabezados por la furia de la madre de Cecilia Idiart, una de las
integrantes del Grupo de los Siete que fue asesinada antes de partir al exilio.
Recién ocho años después, la Iglesia decidió quitarlo de esa parroquia por un escándalo amoroso: Von Wernich viajó entonces a Chile y se refugió en la parroquia de El Quisco, un paradisíaco pueblo del sur y donde se hacía llamar Christian González.
Su nombre volvió a ser mencionado cuando, en el marco del Juicio por la Verdad que se lleva a cabo en La Plata, el fiscal Félix Crous pidió su detención en septiembre de 2003. Ese mismo año fue rastreado y encontrado en Chile por un periodista y desde entonces comenzó su penitencia, para
convertirse este martes en el primer sacerdote en América Latina en ser condenado en un juicio por violaciones a los derechos humanos.
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