El desquicio ideológico de Hebe de Bonafini ya es parte del folklore nacional. De cualquier modo no suena bien a los oídos de ningún argentino que el poder se abrace con quien proclama la negación del Holocausto o reivindica los crueles asesinatos de la ETA, y últimamente elogian a las FARC colombianas que se han mostrado como uno de los movimientos más crueles y poderosos de las últimas décadas en América Latina. Desde Sendero Luminoso hasta hoy, no se conoció semejante despliegue de sangre y crueldad como el de la guerrilla colombiana a cargo del legendario Marulanda alias “Tirofijo”.
Desconociendo, además, o no, que las FARC son el mayor cartel del narcotráfico que existe hoy en el mundo. Hasta ahí, ya sabemos que nadie se va a animar a decirle a Hebe de Bonafini que es una apóloga del delito y que si hubiera tenido hijos militares en la época de la guerrilla en la Argentina habrían dicho que bien muertos están los guerrilleros que algo habrán hecho. Esa es la ideología de Hebe.
Pero molesta más que otro vocero funcional al gobierno como Luis D’Elía que también anda con ganas de creer que Auschwitz y Hitler son un invento de la sinarquía internacional, se sume al elogio de las FARC.
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No hay duda que teniendo en cuenta que las FARC mantienen rehenes durante años en condiciones infrahumanas, los convierte en un movimiento que produce crímenes de lesa humanidad, avalados ahora por Luis D’Elía.
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No desconocemos que detrás de esos elogios y en alineamiento con Chávez hay mucho dinero disponible y esta es una buena causa para justificar cualquier acto repugnante por la condición humana. Lo que asusta es que en la Argentina hoy se puede salir a proclamar el elogio de la muerte, sin que a nadie se le mueva un pelo.
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Quizás convenga recordar que la condena a las FARC no es una condena del supuesto liberalismo del presidente colombiano Uribe ni de la ignorancia de un humilde periodista argentino sino que el más grande vocero intelectual del progresismo como Gabriel García Márquez, por ejemplo, en el libro ‘Noticia de un secuestro’, y en múltiples escritos posteriores detalló lo que la siniestra organización guerrillera colombiana significa para Colombia y para América en general.
Probablemente ahora Hebe y Luis D’Elía salgan a decir que a García Márquez lo financian la sinarquía internacional y el capitalismo salvaje.
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