Mujeres en la mira: ¿La guerra de los sexos llegó a la política?

Política


  • Tres mujeres funcionarias de la Era K se encuentran envueltas en casos de supuesta corrupción.
  • Denuncias, sospechas y renuncias cruzadas recuerdan otros tiempos de la historia argentina.
  • ¿La guerra del sexo se trasladó a la política?

Felisa Miceli, ahora ex ministra de Economía, y su “Toilettegate”. Romina Picolotti, secretaria de Medio Ambiente, y sus aparentes contrataciones excesivas de empleados. Nilda Garré, ministra de Defensa, imputada de contrabando agravado por venta de armas a Estados Unidos. En menos de 15 días, tres políticas de peso en la gestión Kirchner se vieron envueltas en denuncias, casos de aparente corrupción e imputaciones varias. Y todo sucede en el marco en que otra mujer, la senadora Cristina Kirchner, pretende llevarse la presidencia en octubre.



¿Acaso hay una operación machista que busca quitar a las mujeres del poder? ¿Qué les pasa a las chicas K?

Casualidad o causalidad, las mujeres del poder de la Argentina parecen estar bajo la lupa, al menos por el momento. Desde Evita, acusada por la oposición en varias oportunidades de hacer negociados con su fundación, pasando por Isabel y las funcionarias de los ’90, hasta las actuales políticas, se vieron involucradas en maniobras sucias y denuncias de todo tipo. Los casos de mujeres presuntamente corruptas dentro de la política argentina fueron creciendo con el correr de los años. ¿Por qué? ¿Se puede decir que las mujeres son más corruptas?

Mitos -o bien realidades según el caso- como que las mujeres son mejores administradoras de la economía hogareña, que tienen una capacidad extra para resolver problemas, y hasta que son, o serían, más honestas que los hombres, hacen que sobre ellas exista un plus, una carga que los hombres parecerían no tener.  “Existe una mayor esperanza social sobre una mujer en que no se comporte como los hombres, que parece que son más ambiciosos pero que no es cuestión de genero sino de oportunidades”, sostiene el historiador Pacho O’Donnell.

“Es que antes la permisión femenina en la política era mucho más débil, además de la degradación que fue sufriendo la función pública con el correr de los años. Por ser una sociedad machista, la mujer tuvo menos oportunidades en la política pero eso no las hace distintas a los hombres”, sostiene, y agrega: “Tiene que ver con una baja moral del cargo de funcionario público, se llega a cargo alto y ahí se sobreentiende que el beneficio personal prima sobre el colectivo”

O’Donnell recuerda que en la década menemista se dieron los casos más conocidos de mujeres funcionarias acusadas o envueltas en casos de corrupción y sospechas varias como por ejemplo, malversación de fondos.



María Julia Alzogaray, ex secretaria de Estado menemista, es tal vez el nombre más resonante de corrupción femenina en la Argentina. Claro, no fue el único.


 


Claudia Bello, ex de la Secretaría de Función Pública en el gobierno de Menem, cuestionada y denunciada por la adjudicación directa de convenios “extraños” para la difusión de la famosa campaña Y2K, que alertaba sobre el posible colapso de los sistemas informáticos con la llegada del 2000.

Matilde Menéndez, ex interventora del PAMI durante los ’90, quien estuvo presa por falso testimonio en el juicio por el atentado contra la sede de la AMIA.


 


Adelina Dalesio de Viola, primero dirigente de la UCeDé y luego funcionaria menemista, diputada nacional y titular del Banco Hipotecario Nacional. Fue denunciada por haber transferido 200 millones de dólares a bancos de las islas Caimán.

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