Bella Ciao
Cada 25 de abril en Italia se celebra la victoria de la libertad contra el fascismo, al final de la Segunda Guerra mundial en el año 1945.
Es un evento que recuerda la liberación contra la opresión y la conquista de la democracia en contra de la intolerancia, el odio y la discriminación. Culminó con el plebiscito del 2 de junio de 1946 y la sanción de la Constituzione della Repubblica italiana (1947-1948).
Hoy, en cambio, en Italia y en el mundo la batalla es diferente: se libra en el campo de la salud contra el Coronavirus. Sin embargo, en los balcones de las ciudades de Italia, ayer volvió a sonar el mismo himno partisano de resistencia contra el dolor: Bella Ciao!
En Argentina, un país en donde se estima una descendencia italiana cercana a 65% de la población, es importante repasar aquel coraggio italiano que permitió construir una república democrática fundada sobre el trabajo. La batalla contra el COVID19 también nos debe recordar, a quienes tengamos o no ese origen, la importancia de no retroceder en los valores del Estado de derecho.
¿Cómo fueron las primeras reacciones en algunos lugares mundo ante la pandemia?
De inmediato comenzamos a ver respuestas autoritarias de gobiernos en la gestión de la crisis por el Coronavirus, orientadas a un férreo control social, a la aceleración en el tratamiento de datos personales y a la restricción en el acceso a la información pública, por ejemplo en China o Corea del Norte.
La noticia sorprende más al aparecer giros autocráticos en democracias europeas, por ejemplo en Hungría, que detonaron consultas a las autoridades de la Unión Europea por presunta infracción al principio democrático del Tratado de la Unión Europea (artículo 2).
Estos avances deberían encontrar un límite en la propia madurez del sentimiento constitucional que han ido forjando esas sociedades a partir de la segunda mitad del Siglo pasado.
Europa aprendió, y mucho, de su más reciente historia. Por eso hoy no creo –o al menos no quiero creer- que en democracias medianamente desarrolladas puedan cuajar amenazas de uso desmedido de la fuerza militar o encarcelamientos políticos que pongan en riesgo la vida o la libertad de las personas.
Sin embargo, el riesgo lo percibo en otro lugar, en la restricción de otros derechos no tan firmemente consolidados.
En otras palabras, es probable que como consecuencia del manejo de la crisis del COVID19 algunos de los derechos que sean puestos en crisis no resulten los mismos que fueron avasallados por los gobiernos totalitarios previos a la Segunda Guerra Mundial.
En estos tiempos adquieren relevancia la protección de los datos personales, la libertad de expresión en el mundo digital, o los derechos sociales de las trabajadoras y trabajadores que en aquel entonces no eran ampliamente considerados.
Por ejemplo, ante una situación de emergencia sanitaria de alcance mundial, ¿cómo conciliar el uso de la Inteligencia Artificial y la Big Data para controlar una epidemia, con la intimidad de las personas en la protección de los datos personales sobre la salud?
¿Cómo garantizar la plena libertad de expresión en medios y redes digitales ante el desafío que presenten las fake news?
¿Cómo continuar resguardando los derechos sociales de los trabajadores en economías de mercado, cuando las experiencias totalitarias europeas del siglo pasado fueron anteriores a su consagración?
Las respuestas a estos dilemas deben provenir de los mismos valores y principios que pusieron fin a las experiencias totalitarias: la solidaridad, la tolerancia y el respeto a la libertad. En síntesis, el respeto al Estado de derecho y a la Constitución nacional.
Las salidas simplistas rara vez aciertan, se imponen generalmente por la fuerza y dejan severos daños a los derechos de las personas.
Esto aplica tanto en el atendimiento de la pandemia como en los procesos vendrán después. Es decir, en el retorno a la normal vida cotidiana e institucional, y a la reconstrucción económica que habrá que encarar al fin de la cuarentena.
Las libertades que hoy estamos sacrificando son temporales, tienen un objetivo, y volverán a ser plenas. Pero aún en la emergencia rige el Estado de Derecho, y las actitudes respetuosas que hoy tengamos sembrarán nuevas flores de libertad.
Ya nos lo decía ese himno de resistencia a la opresión “questo è il fiore del partigiano, morto per la libertà! Bella Ciao!"
(*) Christian Cao Mazzeo es catedrático de Derecho (Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, abogado y Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid).
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