"El Gobierno cree que habrá segunda vuelta"
- Roberto Lavagna habló con minutouno.com a poco de enfrentar las elecciones que puedan depositarlo en la cúspide del poder político argentino.
- El fraude, Elisa Carrió, el ballottage, el Gobierno, la inflación, las relaciones con Uruguay y Chávez, fueron algunos de los puntos que trató.
Existen quienes dicen que, momentos antes de dar un paso al costado como ministro de Economía, Roberto Lavagna le contestó a Néstor Kirchner de manera tal que al Presidente no le quedó ninguna duda con respecto a la suerte que correría su proposición.
Lo peor que pudo haber ocurrido es una oposición amontonada, cuyo único objetivo fuera simplemente echar al Gobierno. No se construye un país, una sociedad, si no hay un modelo, un proyecto de país por la positiva, no simplemente por la negativa. De manera tal que hay varios porque hay proyectos distintos y es bueno que así porque esa es la realidad del contenido que cada cual le quiera dar al Gobierno.
Está claro que el Gobierno siente que hay segunda vuelta y va a hacer todo lo posible para tener que competir con el candidato más débil, porque a otras alternativas les va a hacer incluso muy difícil tener que explicar cómo van a gobernar.
Luego de las denuncias de fraude electoral que se dieron en Córdoba, ¿teme que se puedan dar episodios de fraude en las elecciones nacionales?
Que esto haya ocurrido en una sociedad del nivel socioeconómico, sociocultural y sociopolítico como es la de Córdoba es un llamado de atención. Es una provincia que está por encima del promedio del país.
Es un grave error, porque eso termina siendo una concertación entre los capitalistas y los sindicalistas amigos, y el que paga los platos rotos va a ser el pueblo. No es que el método de concertación sea malo, pero la precondición para eso es que uno tiene que poner los frenos republicanos. Antes que eso, el Gobierno tiene que anular los superpoderes presupuestarios, los Decretos de Necesidad y Urgencia, y el Consejo de la Magistratura, es decir, anular todo aquello que hace que el Ejecutivo pase por encima del Congreso y el Poder Judicial.
Una vez que se reequilibren los poderes republicanos –y en consecuencia haya algún marco y control- entonces es viable plantearse una concertación de carácter socioeconómico.
En el caso de que llegue a la Presidencia, ¿cuál será la relación que mantendrá con los grupos piqueteros y la CGT?
Nada impide hoy, en lugar de poner la interlocución sindical en un sindicalista, convocar a la totalidad de los sindicatos. Es lo mismo que cuando uno convoca a la totalidad de los empresarios, empieza a haber cierto conflicto de intereses y ciertos equilibrios que hay que respetar. Cuando uno le da la patente a uno solo, lo que está haciendo es terminar siendo prisionero de ese uno. Lo que hay que hacer es abrir la puerta a todo el movimiento obrero organizado.
¿Cuál es el futuro inmediato que vislumbra en relación a la crisis energética?
El Gobierno lleva dos años y medio de atraso en hacer las dos centrales, a pesar de que tenía la plata depositada en plazo fijo en el Banco de la Nación, o sea que no era un problema de recursos.
Recién a fines de 2008 se habrá reequilibrado la oferta y la demanda de energía. El próximo verano va a hacer tan complicado como lo fue el invierno pasado.
Lo que ocurre además es que todos los cortes se hacen en el interior del país y no en el Gran Buenos Aires para que políticamente se note menos, lo cual en términos de un reparto equitativo de esfuerzo, claramente se está actuando de una manera absolutamente desequilibrada.
¿Cómo ve la relación que tiene el Gobierno con el campo y las retenciones?
El problema es que el Gobierno tiene una visión de un campo oligárquico, casi conspirativo que, la verdad, es una antigüedad. Incluso fomenta el conflicto entre el agro y la industria... atrasa cincuenta años. Hoy cuando uno agarra el producto bruto industrial, el sector más importante de todos es el de alimentos. Eso tiene que ver con la ideología.
Desde que asumió Néstor Kirchner habló de reconstruir una burguesía nacional que, sin embargo, está quedándose sin empresas.
Los nuevos están, se van los viejos. Los nuevos, que son amigos del poder, se quedan. Esto pasa cada vez que hay grandes dudas sobre el futuro del país y hoy las hay. Claramente, los capitales nacionales que conocen la historia y que viene de 30 años muy conflictivos optan por resolver sus problemas yéndose.
En el terreno internacional, ¿qué cree que hay que hacer con la discusión entablada con Uruguay con respecto a la instalación de Botnia?
El Gobierno cometió un grave error en el 2004 al darle el ok a la papelera. Después, claro, se vio obligado a hacer todo el teatro que hace para tratar de que todos se olviden de cual es el origen del tema; pero el origen es un presidente uruguayo (Jorge Battle) yéndose -que siempre tuvo malas relaciones con Argentina- y que al irse firma esto, y un gobierno argentino que le da el ok.
Llegó la hora de terminar con toda esta farsa y dedicarse a firmar un protocolo verde del Río Uruguay que garantice no nuevas instalaciones y que haga un seguimiento de las condiciones en que Botnia produce, y que Uruguay ya lo había ofrecido. Uruguay había ofrecido el control en la etapa de construcción y en la etapa de operación, la de construcción ya terminó y la Argentina no ejerció el derecho que se le estaba ofreciendo.
¿Y la relación con el presidente venezolano Hugo Chávez como la ve?
Mala. Chávez nos aleja de lo que es nuestro núcleo estratégico que es Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile, y Venezuela –si acepta la agenda del Mercosur-.
El día que firmó el tratado de adhesión, que todavía no fue ratificado porque Paraguay y Brasil, la primera propuesta formal que hizo Chávez fue crear un ejército sudamericano.
Si alguien cree que en esta Sudamérica, que tiene enormes deficiencias sociales y de infraestructura, un objetivo pueda ser un ejercito sudamericano, creo que se equivoca, y mucho. Esa es la deformación de la agenda que Chávez produce en el Mercosur y Argentina. Esto hay que rectificarlo inmediatamente el primer día de gobierno.
En la conferencia que dio en la Asociación Empresaria Argentina (AEA) calificó de “política patovica” la que el Gobierno lleva adelante para tratar de contener la inflación, ¿a qué se refiere?
Llamar a los empresarios, amenazarlos y gritarles no da ningún resultado. Hay más de 10 mil ítems en los supermercados; si alguien cree que posible de ser controlado se equivoca.
La política antiinflacionaria es otra cosa. No es gritar, tampoco es enfriar la economía (como quiere algún candidato de la oposición). En una sociedad donde todavía hay 10 millones de pobres y 9% de desempleo es una locura pretender enfriar la economía.
Hay que ir a un esquema parecido al que nosotros usamos en abril de 2002. En aquella oportunidad también la derecha y el fondo nos pedían más recesión, y sin embargo hicimos todo lo contrario. Desarrollamos una política de expansión, con mucho cuidado en el manejo fiscal, y el resultado fue cuatro años de crecimiento muy alto con estabilidad de precios.
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