SEXO, MENTIRAS Y VIDEOS
*El Comfer se muestra inquieto por los contenidos de la TV en el horario de protección al menor. La mayoría de los padres y madres comparten la preocupación que surgió a raíz de un video con escenas de sexo. ¿Hay detrás de esto una gran hipocresía?
Desde el lunes último, el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) está evaluando los contenidos de “Ama de casa desesperadas” -la serie que Canal 13 repuso en el horario de las 19- con el propósito de determinar si contiene escenas inadecuadas para ser emitidas dentro de la franja de protección al menor. Pocos días atrás, el mismo organismo amenazó con sancionar a Canal 9 y a América por haber exhibido durante la tarde fragmentos del video hot que una participante de Gran Hermano, Griselda Sánchez, realizó para Playboy Channel antes de entrar al reality de Telefé.
La Argentina es un país de reacciones espasmódicas. Los medios y la opinión pública saltan como un resorte cuando un problema de larga data de pronto asoma la cabeza. Nos volvemos entonces un volcán en erupción: batimos el parche del discurso hasta quedarnos afónicos o hasta que algún otro asunto reclama nuestra atención y el anterior queda relegado al desván de los olvidos. Algo así había ocurrido en 2006, cuando el Comfer arremetió contra la tele que desbarajustó la grilla horaria en una clara falta de respeto al público. El tema quedó sin resolver, todo sigue como entonces. Pero ahora, casi nadie se queja porque estamos muy ocupados mirando la punta de otro iceberg: la violación del horario de protección al menor.
No ha de haber padre ni madre que no acuerde con el Comfer en cuanto a la necesidad de preservar a los más chicos de las imágenes de alto voltaje erótico o de violencia desenfrenada. Se diría que el Estado y los padres actúan como abogados defensores de los niños en contra de la perversión de la industria televisiva que, en el afán de trepar por el palo enjabonado del rating, no tiene reparos en dañar a las criaturas. Sin embargo, el panorama es más complejo.
Según la encuesta realizada por TNS Gallup en todo el país, que se dio a conocer recientemente, el 70 por ciento de los argentinos opina que la TV es negativa para los niños. Paradójicamente, el 30 por ciento de los que tiene menores en su hogar admiten que en sus casas no respetan el horario de protección al menor. Y en el caso de la Capital Federal, el porcentaje de los que dejan a sus chicos frente a la tele después de las 22 asciende al 50 por ciento de los encuestados.
Pregunto: ¿serán los niños argentinos rehenes de la desidia conjunta del Estado y de sus propios padres? No nos engañemos: el problema de las imágenes de sexo y violencia emitidas antes del horario en que supuestamente los chicos se van a dormir no empezó con el video de la chica mendocina de Gran Hermano. Y no terminaría si, eventualmente Canal 13 no pusiera al aire, en el nuevo horario de las 19, las escenas de “Ama de casa desesperadas” donde se ven los escarceos entre el personaje de Araceli González y el del jardinero sexy. No tapemos el sol con la mano: ¿de qué serviría que la tele reservara los contenidos violentos o eróticos para después de las 22, si a partir de ese horario los chicos siguen frente al televisor bajo la irresponsabilidad de sus padres?
El asunto es más complejo de lo que parece y no se resolverá con un par de sanciones ni con opiniones bienintencionadas. Antes de hallar la solución habrá que plantearse una cuantas preguntas y responderlas sin hipocresía. ¿Por dónde debería pasar la delgada línea roja que divide las imágenes permitidas y las prohibidas para los ojos de un chico del siglo XXI? ¿Es razonable suponer que en la Argentina actual, los niños se acuestan a las diez de la noche? ¿Alcanza con que el Comfer se limite a observar los cinco canales de TV abierta cuando las señales de cable están también al alcance de los más chicos? ¿Qué pasa con los ciclos que se emiten después de las 22 pero cuyas promociones, con los fragmentos más provocativos, salen al aire durante todo el día? ¿Los noticieros también deberían emitirse fuera del horario de protección al menor? Porque si de lo que se trata es de evitar que los niños queden expuestos a imágenes traumáticas, convengamos que los noticieros son un semillero de horrores: ataques de terroristas suicidas, la devastación provocada por fenómenos naturales, los integrantes de las barras bravas causando desmanes, adolescentes alcoholizados y drogados por todas partes y patovicas dando clases de barbarie, muertos en accidentes de tránsito, crímenes, hipótesis sexuales de todo tipo descriptas con lujo de detalles en casos policiales como el de Nora Dalmasso, y tantas otras realidades despiadadas.
Si en un ataque de simplificación suponemos que el conflicto de la permanencia de los niños frente al televisor se reduce al video de Griselda de Sánchez o a las escenas de contacto físico entre dos personajes de “Amas de casa desesperadas” nos estamos vendiendo una película que, en homenaje a Steven Soderberg y a la verdad, bien podríamos titular Sexo, mentiras y videos. ¿Y los menores? Allá ellos, que Dios los proteja.
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