Sexos cruzados

*“Lalola” desata la polémica sobre el amor más allá de la genitalidad y abre la discusión sobre un asunto cada vez más actual: en un mundo donde conviven hombres, mujeres, travestis, homosexuales, transexuales y transformistas, ¿quién decide cuál es el género de una persona?.

Lalo Padilla es un seductor de esos que te conquistan rápido y te descartan a la velocidad de la luz. Difícil es decir cuántas fueron las víctimas de semejante vértigo amatorio porque hasta el propio Lalo ha perdido la cuenta. Lo cierto es que hubo una, sedienta de venganza, que supo castigarlo con crudeza. Fruto de su hechizo, Lalo se despertó un buen día embutido en el cuerpo de una mujer pero con la conciencia plena de haber sido quien fue: un macho hecho y derecho. A grandes rasgos, ésa es la historia de “Lalola”, la telecomedia que acaba de estrenarse en la pantalla de América.


 


Con Lalo convertido en Lola, la ficción se dispone a transitar la ruta de la ambigüedad, porque Lola no tiene más remedio que seguir circulando por el mundo en su atractivo envase femenino y asumir que en su nueva condición, es codiciada por los hombres. La tira habrá de andar por el camino que le marque la imaginación de los guionistas. Pero _fantasías, aparte_ el programa pondrá sobre el tapete la discusión de un tema bien complejo: las identidades y las elecciones sexuales de cada quien en este mundo real, donde la ambigüedad va ganando terreno.  


 


Pocos días atrás, el oncólogo y candidato a premio Nobel de Medicina, Umberto Veronesi, declaró que “se atenúan las diferencias entre los hombres y las mujeres”. Profetizó, además, que “la bisexualidad será el precio a pagar por la evolución natural de la especie humana”. Y a renglón seguido, el científico europeo de 81 años, encendió la polémica con su juicio tajante: “Creo que el precio es positivo”, sostuvo.


 


A propósito del Lalo recién transformadito en Lola y hecho/a un embrollo de dudas al momento de decidir si entrar al baño de caballeros o al de damas, un compañero de trabajo me dijo la otra tarde:


 


-¿Te chocaría entrar al baño de un restaurante y cruzarte con Florencia de la V, por ejemplo?-

La pregunta me sorprendió porque nunca se me hubiera ocurrido que Florencia de la V o cualquier otro travesti usaran otro baño que no fuera el de damas: sí eso es lo que eligieron ser; si así es como se siente, como viven.


 


-Para nada -le dije-. Es más, si encontrara un travesti en el vestuario del gimnasio, no tendría problemas en cambiarme delante de ella como lo hacemos las mujeres, las unas delante de las otras.


-Obvio- se sumó a la conversación otra compañera, -porque lo que te lleva a tener o no pudor en esos casos es la mirada del otro. Vos sabés que en la mirada del travesti no hay deseo alguno por tu cuerpo. Y sin deseo, no hay erotismo ni riesgos de malentendidos-.


 


Yo me quedé pensando y, de verdad, no estoy segura de que el asunto sea tan simple. Si me imagino en la misma situación frente a un gay, sería incapaz de sacarme la remera y encaminarme, tan tranquila, a la ducha, con la toalla en la mano. Del mismo modo, si al entrar al baño de mujeres, me encontrara con un varón de quien supiera a ciencia cierta que es homosexual, tampoco me sentiría cómoda. Y si fuera por la mirada y el deseo, está claro que un hombre homosexual no experimenta el menor interés erótico por mí. Y ni siquiera por la más linda del planeta.


 


¿Cómo se entonces este asunto del género? Tal vez, la diferencia no resida la mirada que nos dispensa el Otro sino en lo que él/ella elige ser. El gay es un varón al que le gustan los varones. El travesti es una persona con genitales masculinos que se siente mujer y se asume como tal. En ese tipo de cavilaciones me había perdido yo, cuando otra chica se integró a la polémica:


 


-Mientras veía “Lalola”, traté de imaginar qué haría si me ocurriera lo que a Lalo pero a la inversa: un día me levanto en el cuerpo de un varón con la conciencia plena de seguir siendo yo- arriesgó Carolina.


-¿Y qué pensás que harías?- la acorralamos todos.


-Estoy segura de que me haría gay- dijo.


 


Pero los guionistas de “Lalola” al personaje le ponen las cosas aún más complicadas, porque hasta donde se sabe, Lalo se convierte en Lola pero Lola no se vuelve lesbiana. Planteado en el amigable formato de las telecomedias, la producción de Dori Media Contenidos, basada en una idea original de Sebastián Ortega para Underground, promete abrir la discusión sobre un amor sin barreras de género.

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