Si yo fuera Paula Robles…

*Han comenzado a sonar cantos de sirenas dirigidos a la bailarina que cosecha altos picos de rating en “Showmatch” sin necesidad de hacer nada que no sea bailar con su soñador. Si yo estuviera en el lugar de Paula tomaría una decisión tajante. Te cuento cuál.

La televisión siempre nos muestra al otro. Y en buena medida, su gran poder de convocatoria reside en el hecho de que nos invita a ponernos en los zapatos de esos otros que aparecen en la pantalla. Si miramos un ciclo de preguntas y respuestas, tratamos de contestar desde el sillón del living como si fuéramos el participante y estuviéramos en el estudio. Cuando vemos una telenovela, no resistimos a la tentación de imaginar qué debería hacer la heroína para quedarse con el amor del galán;  y a menudo, lo que fantaseamos para el personaje es lo que haríamos nosotros en idénticas circunstancias. Si el noticiero nos trae el testimonio de quien ha sido víctima de un delito, enseguidita nos planteamos cómo habríamos reaccionado de haber estado en su lugar.

“Showmatch” no es la excepción a esa gimnasia de ida y vuelta entre los televisados y los televidentes. Fue así que el jueves último, mientras miraba el ciclo de Marcelo Tinelli, me dije: “Si yo fuera Paula Robles tomaría una decisión tajante”.

“Bailando por un sueño” está concebido como un gran show para audiencias masivas. Y en tal sentido, tiene la ventaja de ofrecer atractivos para todos los gustos. Hay quien disfruta de las buenas coreografías, el vestuario imponente y el despliegue escénico. Existen los que se interesan por los sueños solidarios que los participantes buscan cumplir allí, en la TV, cuando todas las demás puertas se les han cerrado. Otros lo miran para divertirse con las ocurrencias y las humoradas de Tinelli en su interacción con el elenco.

Dotado de una gran flexibilidad, “Bailando…” también les abre a las figuras un espacio donde desarrollar su histrionismo e ir construyéndose a sí mismos como personajes a medida que el ciclo avanza. Así, en la conversación que las parejas mantienen con el conductor antes del baile, los interesados en ejercer la comicidad tienen la ocasión de hacerlo en la megavidriera de “Showmatch”.

Los que optan por utilizar esa posibilidad, ofrecen actuaciones variopintas. Si me dan a elegir, me quedo una y mil veces con la desopilante y creativa Iliana Calabró y descarto de plano la propuesta de Silvia Süller. Ésa es mi opinión y cada uno de los millones de espectadores de “Showmatch” tendrá la suya. Pero lo que en ninguna parte está escrito es que para competir en “Bailando…” sea necesario convertirse en un personaje. ¿Por qué tendría que hacerlo entonces Paula Robles?

El jueves último, sin embargo, Paula fue blanco de un par de sugerencias que apuntan a que no se conforme con ser lo que es: una bailarina que compite para tratar de hacer realidad el deseo del soñador Franco Tabernero, es decir, ayudar a Lourdes, una nena de cuatro años que padece leucemia.

Puesto a juzgar el desempeño de la pareja en la pista, el jueves último, un miembro del jurado, Jorge Lafauci dijo: “La señora Robles, con todo el respeto, tendría que perder un poco la timidez cuando entra al escenario. Me parece que es como que ella está dispuesta a bailar y nada más. Todo el comienzo es como que lo sufre y lo padece en vez de gozarlo, aunque sonría”.

¿Cuál es el problema si Paula Robles está dispuesta a bailar y nada más? ¿A qué otra cosa tendría que estar dispuesta? ¿A emular a Silvia Süller en el momento en que Tinelli la presenta? ¿A aderezar el show haciendo guantes como Alejandra “Locomotora” Oliveras, cuando el oficio de Paula no es el boxeo? ¿A lanzar dardos verbales contra quien sea a fin de alimentar los programas de chimentos del día siguiente? ¿A desesperarse por llamar la atención antes por sus dichos que por su destreza en la danza?

El mismo jueves, minutos más tarde, en diálogo con Marcelo Tinelli, una de las participantes del certamen, Rocío Marengo, interpretó su paso de comedia. Dijo que junto a Nazarena Vélez estaban conformando “un grupo de piqueteras fashion para ayudar a las sentenciadas” semanalmente en “Bailando…”. “La queremos a Paula _agregó_ pero estamos en tratativas; nos tiene miedo”.

Está claro lo que algunos esperan de Paula Robles: que se integre a la superpoblada galería de personajes mediáticos. Pero a juzgar por lo que se ve, ella volvió a la tele para hacer lo que sabe: bailar. Y a juzgar por los picos de rating que consigue “Showmatch” cada vez que ella baila, son multitud los espectadores interesados en verla  hacer lo que sabe.

A mi entender, la conducta televisiva de Paula Robles demuestra que es posible remar contra la corriente que pretende exigirles a todos los que  aparecen en la pantalla -sean bailarines, periodistas, políticos, médicos o diseñadores- que la jueguen de cómicos y compongan un personaje.

Si yo fuera Paula Robles haría oídos sordos a esos cantos de sirenas. Si yo fuera Paula Robles seguiría repitiendo lo que ella hizo hasta ahora: ensayar con su soñador cuatro horas diarias, sonreír cuando sale a escena, demostrar en la pista que es bailarina por derecho propio y que está allí por sus condiciones para la danza que, como todos saben, no es un bien conyugal.

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