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Sociedad

La muestra de "posporno" desarrollada en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, no sólo generó controversias por el contenido explícito de la misma, si no que además puso en debate conceptos tan arraigados y profundos como "arte", "género", "deseo" y "estereotipo". Por todo ello ¿puede ser catalogado este show como un acontecimiento "artístico"? ¿Posee la pornografía una ideología propia que hay que deconstruir? ¿Debe el deseo verse intelectualizado?

Era por demás esperable que una muestra de sexo explícito, por mucho contexto ideológico que se construya a su alrededor, escandalizara a gran parte del país. No sólo por desarrollarse en el edificio de una dependencia pública, si no también porque como sociedad somos grandes celadores de ese límite impreciso y sutil que separa el erotismo estimulante que se puede mostrar en cualquier medio de comunicación, de las escenas explícitas que deberían preservarse en el ámbito de la intimidad.

Pero más allá de eso, quizás fue esta controversia lo que la muestra quiso generar, de manera tal de no sólo dar espacio a la ideología que la sustenta, si no también para poder ser catalogada como artística. ¿Por qué? Pues bien, aquí nos adentramos en un terreno pantanoso e inestable como lo es la búsqueda de la definición exacta del "arte". ¿Cómo definir el arte? Podemos entenderlo como una expresión profunda que trasciende el plano de lo literal o lo cuantificable y que, por otro lado, posee una intención de crear valores y simbolizar lo real. Por supuesto que este intento de definición no es acabado y a lo largo de los años se ha visto interpelado una y otra vez.

Por ejemplo, el filósofo alemán Georg Hegel sostenía que el arte tiene como función expresar lo bello, lo sublime que va más allá de lo natural, ya que es producción humana. A su vez, Martin Heidegger pensaba al arte no como un ente con fines prácticos, si no más bien como un ámbito sólo dado para meditar y contemplar al Ser. Como se puede observar, ambas visiones elevan al arte a un pedestal supremo en donde la belleza encuentra su punto culmen.

De todas formas, con la emergencia de las vanguardias, se ha fragmentado esta búsqueda, al mismo tiempo que el mismo concepto de "belleza" se ve interpelado, buscando así un arte que genere emotividad, conciencia, indignación... el arte es visto como aquello que nos moviliza a pensar. Desde esta perspectiva la muestra "posporno" entraría dentro del adjetivo "artístico" ya que precisamente nos ha movilizado como sociedad, sea para pensar las ideologías subyacentes de la pornografía "mainstream", sea para escandalizarnos por la transgresión.

No obstante, pareciera que si todo es arte entonces nada lo es. ¿Todo aquello que llame la atención debe ser considerado como tal? ¿Cuál sería el límite entre lo artístico y lo no artístico? Entramos aquí en una especie de aporía ya que si sostenemos que cualquier manifestación humana puede llegar a ser considerada como arte, la definición de este término será tan difusa que tarde o temprano desaparecerá; por otro lado, si defendemos que deben existir límites categóricos para separar lo que es de lo que no es, estaremos buscando un marco objetivo trascendente a la obra pero ¿quién es capaz de establecer tal marco?

Ahora bien, más allá de la pregunta acerca de qué es lo que hace ser artístico a esta muestra, o si es lícita cualquier manifestación por más explícita u obscena que sea para transmitir una idea, cabe cuestionarse si no se está intelectualizando por demás el deseo. Es decir, la producción pornográfica no hace más que relevar y exponer rotundamente los diversos deseos humanos, en sus vertientes más "tradicionales" y también aquellos que van más allá de esta ficticia regulación de lo normal. Por ello ¿cabe buscar un fundamento ulterior ideológico al cual contestar categóricamente dentro de esta producción?

Pues bien, claramente esta última pregunta es capciosa ya que negar que exista una carga ideológica o una intencionalidad patente nos puede llevar a asimilar estereotipos de toda índole que innegablemente son puestos en escena en este tipo de producción. No obstante, si lo que se pretende es interpelar estas figuras irreales y estereotipantes ¿se debe hacerlo mediante una práctica similar pero con diferente perspectiva? Claramente no ha existido en la muestra el propósito de cuestionar la pornografía en sí misma, si no sólo una manera de realizarla y al plasmar esta circunstancia se ha dado lugar a todo un caudal de análisis e interpretaciones que dejan a la pornografía como si de una producción intelectual o artística se tratase, pero ¿es esto así? ¿Debe pensarse la pornografía? Y si la respuesta es positiva, ¿entonces cómo y desde dónde?

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