¿Contenidos XXX? A mí no me gustan, pero conozco a varios que consumen

Sociedad

Con serias dificultades para ser asumida “socialmente”, la pornografía llegó hace rato a nuestras vidas, y para quedarse. El acceso a ella es relativamente fácil, pero, aún así, cuesta lanzar el “yo consumo, ¿y qué?”. Es más fácil decir, en cambio, que sí conocemos a alguien que lo hace. ¿Sirve a la pareja, ayuda en algunas situaciones, favorece o perjudica?

En líneas generales, la razón para el ocultamiento de esta práctica se debe a que “es algo visto como una cosa perversa. Y el que la usa, como un chico que necesita de eso para excitarse porque no puede hacerlo naturalmente”, explicó el sexólogo Adrian Sapetti.

Por su parte, el sexólogo Ezequiel López Peralta sostuvo que “si bien hay vergüenza hay mucha menos que la que había antes. Pero todavía quedan restos de una cultura que piensa que todo lo que se use para estimularse externo a uno es avergonzante. Y las religiones influyeron mucho hasta degradar a los que usan este método”.

No obstante, los especialistas resaltaron que la pornografía ha existido desde épocas milenarias: “Existió siempre y en todas las culturas desde hace miles de años”, sentenció Sapetti.  Su colega Léon Guindin apoyó la postura: “Ahora se ve como una degeneración pero la historia del mundo muestra que se han representado siempre escenas sexuales desde el hombre de las cavernas en adelante”.

Pinturas y relatos sirvieron en esa época como elementos erotizantes para pasar en la actualidad a las revistas, entre otras, que desde que existen se consumen, según comentó López Peralta.

Sin embargo, la vergüenza y el “yo no conozco” sigue prevaleciendo en la sociedad a la hora de hablar del tema. “Es una cuestión de pudor. Una gran cantidad de hombres, sobre todo, acceden a ella pero son pocos los que lo admiten. Eso se ve en el consultorio cuando derivan en otros sus propias inquietudes. Igual se pisan”, explicó Sapetti.

Para el especialista “todavía hay aspectos pacatos e hipócritas porque muchos de los que se horrorizan son los primeros en usar la pornografía”.


 


“El tercerizar las inquietudes (“yo no consumo pero mi amigo, mi primo…sí”) es un mecanismo básico de defensa cuando algo genera pudor y se sabe que no va a ser bien visto. Además, es utilizado para tantear la reacción del otro y establecer entonces un parámetro de ¨normalidad¨”, explicó López Peralta.

Y agregó: “En un punto, todavía cree que es algo malo entonces un parámetro que viene de un amigo, un compañero u otro es tomado como un permiso para permitirse usar este material y disfrutarlo con menos culpa”, puntualizó López Peralta. 

 La sal del sexo

Pese a la vergüenza, en la esfera de lo privado esta artimaña ancestral puede ayudar a la pareja siempre y cuando ambos estén de acuerdo y no se convierta en un vicio. “Si no se vuelve algo compulsivo la pornografía funciona como estimulante en la pareja. No tiene que ser un hecho permanente en la relación pero como juego y factor erotizante sirve. Claro, tiene que ser consensuada. Es mejor usar esta técnica que dejar que el erotismo de la pareja decaiga”, alegó Sapetti.

Por su parte, Guindin sostuvo que “es una ayuda sexual para algunos. Pero no todos pueden disfrutar de ello. Y a su vez, es estimulante cuando los dos están de acuerdo”.

Pero también puede ser perjudicial si “alguno de los dos no está de acuerdo; cuando es habitual y la pareja depende de ello para alcanzar el deseo; y cuando se toma como parámetro lo que se muestra en las películas porque suele haber exageración en las formas sumado a la edición y los cortes que crean una imagen poco real pueden producirse frustraciones en la pareja o sentimiento de inferioridad”, explicó Lopez Peralta.

El especialista resaltó que más allá de los aspectos señalados “se trata de una forma interesante de condimentar una relación y darle más vida al a sexualidad que si uno no se ocupa de condimentarla puede caerse en la monotonía”.

La mujer que condena

Los especialistas consultados acordaron que son los hombres los que consumen en mayor cantidad pornografía y las mujeres, muchas veces, tienen una posición antipática porque sienten que son poco capaces de despertar el éxtasis de sus parejas al tener que recurrir a la pornografía.

“Muchas mujeres vienen al consultorio porque descubrieron a su marido con pornografía y se preguntan porqué necesita eso para excitarse conmigo”, contó Sapetti.

Sin embargo, López Peralta sostuvo que “si el hombre está con una mujer que no le atrae por más que mire una película pornográfica después sigue estando con la misma mujer. La pornografía es un condimento más que ayuda a estimular la química que ya existe pero de ningún modo la reemplaza”.

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