El chirlo es una forma de maltrato infantil

Sociedad

*Foro propuesto por Gabriela Lima.

“Me tocás y te denuncio”, le dice un nene a su mamá en una tira de la humorista gráfica Maitena. Y parece que ahora los botijas uruguayos van a poder decir lo mismo, si se sanciona la ley que prohíbe cualquier tipo de  apremio físico contra niños y adolescentes.

Ya en julio de 2005 la ONU emitió una declaración en la que instaba a todos los países a prohibir expresa y legalmente el castigo corporal a los niños en todos los ámbitos. Por lo tanto, si la legislación uruguaya que está en vigencia “legitima la cachetada como sistema correctivo”, es indudable que hay que modificarla.

Ahora, de lo que se escribe en una ley a lo que pasa entre las cuatro paredes de una casa, del espacio de lo público al espacio de lo privado, hay una brecha en la que el “chirlo” sigue vigente.

A pesar de sus convicciones y de su formación, o creyendo firmemente que un chirlo de vez en cuando no es grave, algunos padres son capaces de pegarle a su hijo “moderadamente” cuando se sienten superados.

Así, cuando las situaciones se les van de las manos, los padres se van a las manos, aprovechándose inconscientemente de la indefensión del pequeño, porque nunca se les ocurriría cachetear a su pareja en medio de una discusión.

Y pegarle  a un hijo no es un “exabrupto” que se pueda dejar pasar así como así; por lo menos, debe hacerle pensar al adulto acerca de una cuestión para nada menor: entre un chirlo en la cola y un brazo quebrado hay sólo una diferencia de intensidad, porque la respuesta violenta y la reacción corporal están tan presentes en un caso como en el otro. Por eso, pegar un chirlo también es una forma de maltrato infantil, porque pegar un poquito también es pegar.

Es cierto que son miles las ocasiones en las que los padres, cansados, estresados y no siempre disponibles para las demandas de un hijo pequeño sienten que ya no saben qué hacer. Y para esos momentos sirve el ejemplo de una trabajadora social que, frente a un chiquito en pleno ataque de angustia, que pataleaba, gritaba y pegaba, eligió el abrazo en lugar del golpe y logró que el pequeño se relajara y se pusiera a llorar en sus brazos.

Cuando los chicos “hacen un berrinche” están mostrando que no pueden poner en palabras lo que los angustia, lo que necesitan, y está en manos de los padres tanto el golpe como la caricia que ubican, respectivamente, al hijo en un lugar de objeto o de sujeto.


 


Gabriela Lima, Periodista y Licenciada en Psicopedagogía

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