El fin de la fiesta: la “depre” de un domingo nos toca a todos

Sociedad


  • La depresión invade a gran parte de la población cuando el calendario marca domingo. Obligaciones, insatisfacción y conductas infantiles son algunas de las causas.
  • La solución para superar el “bajón” es una cuestión de actitud.


La frase la hizo célebre Antonio Cafiero: “¿Se imagina un domingo sin fútbol y con De la Rúa como presidente?”, preguntó por radio. Y aunque el ex mandatario ya no está en la Casa de Gobierno y hay partidos a toda hora, a la tarde de domingo nadie le saca la acusación de generar depresión. Que se acabe el fin de semana es apenas una parte de la causa.

“El domingo marca el fin del relax y la vuelta a la monotonía y a las corridas y eso bajonea. En ocasiones hasta dejo pasar el día desaprovechándolo por completo porque sé que se me viene una semana agitada y quiero encararla descansada y eso hace que la depresión y la angustia llegue a niveles inexplicables”, contó Lucila (32).

Ya lo dijo Alejandro Dolina: “Lo mejor de las fiestas son las vísperas”. Y siguiendo esta lógica lo peor son los finales. Lo que es sinónimo de domingo, el término de la fiesta del fin de semana. Y que el domingo sea la antesala de las obligaciones, las corridas y las exigencias puede llegar a generar la célebre depresión.

Se trata de un trastorno caracterizado por un estado de ánimo triste o abatido, de una gran intensidad durante un periodo de tiempo considerable y sin una justificación aparente.

El psiquiatra Pablo Wizerberg explicó que mucho tiene que ver la etapa de la infancia: “El período del aprendizaje infantil está íntimamente relacionada con la depre dominguera.  Es el hecho de haber grabado en la memoria que se acabaron los juegos y que hay que ponerse el guardapolvo otra vez. Eso está tan arraigado que deja resabios en la memoria cerebral de arrancar un lunes”.

Otro punto, acorde a lo que explicó el especialista, tiene que ver con la propia satisfacción. Si una persona no está a gusto con su trabajo o con lo que hace no tendrá nada que le dé incentivo para arrancar nuevamente con las obligaciones. Sin embargo, siempre está el eterno remolón que si bien es ajeno a esta condición no le escapa al bajón de ponerse en ritmo otra vez.

“Los domingos me agarra como una tristeza así como general. Es que saber que el lunes me tengo que levantar temprano me mata, pese a que lo que hago me gusta siempre tengo sueño”, contó Adrián (23), que trabaja en Sistemas.

En tanto, Analía (22) opinó que “un domingo es deprimente en todos los aspectos. Pocos negocios y lugares de entretenimiento están abiertos y no hay nadie en las calles. Es un embole”.

Pero esto parece no ser un hecho individual, sino más bien algo generalizado. O al menos así lo ven algunos: “Después del partido me deprimo. Bah, me entristezco. Será porque los lunes me levanto muy temprano  y tengo que ir a laburar. Pero además veo a  la gente triste y eso me pone mal también”, expresó Mauricio (37).

Influyen también en el bajón los factores sociales como el estar solo o la muerte reciente de algún familiar. Desde el Centro de Atención al Suicida (C.A.S), Roberto Urdinola confirmó la teoría de que los domingos son los días en  que se registran los picos de suicidios.

“Los domingos y los lunes por la mañana son los días que recibimos más llamados y en los que se provocan la mayor cantidad de suicidios. En general son mujeres de 50 años para arriba que están solas y el domingo es el día en que más se nota esa soledad y sienten más la depresión”, explicó Urdinola.

Todo tiene solución

El bajón dominical existe. Gane o pierda nuestro equipo la depre está. Sin embargo, hay quienes le ponen el pecho y salen a darle revancha.

“Yo no tuve vacaciones porque encontré un trabajo y mis amigos se fueron todos  y yo me quedé en el cemento y sin ellos. Pero un día me encontré con una amiga en el chat que le había pasado algo similar y decidimos paliar la depre dominguera con salidas. Fuimos a mil lados y los domingos dejaron de ser chicle y deprimentes para ser el día de salida fija”, contó Marcos (22).

El remedio no viene en botella ni en pastillas, sí en actitud. Correrse de la sensación infantil y entusiasmarse con algo son la solución.

“La depre es llevadera si uno sabe salir de esa sensación del nene que obligan a dejar de jugar para acostarse porque tiene que ir a colegio a la mañana siguiente. Además, hay que saber generarse estímulos para arrancar la semana”, sostuvo el Wizerberg.

Buscar alguna actividad para el día lunes como un encuentro con amigos post trabajo o bien crear nuevas propuestas para el trabajo pueden ser algunos de los factores que motiven la vuelta a las obligaciones y que den cuenta que vale la pena volver a empezar. Entonces...a la carga mis valientes.

Lo importante es no entender el domingo como un cierre -como algo que se acaba -sino que hay otra cosa que abre y que puede ser interesante. Es decir, algo que motive e incite a tener ganas de volver a empezar.

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