#FilosofíaAplicada De Gutenberg a Xipolitakis
La publicación del libro biográfico de Victoria Xipolitakis y la polémica por su costo nos invitan a pensar sobre el fenómeno de la lectura y el alto valor de consumo fetichista que han tomado los libros.
En la lógica mercantilista en la cual hemos de vivir, todo lo existente pareciera cobrar entidad en función de su valor de compra y venta, constituyendo así a la totalidad de la existencia en objetos de consumo. Claro que, pese a que pertenecen a este grupo general denominado "lo que se puede adquirir", cada objeto tendrá su particularidad, su estrategia propia de venta. Así pues podemos considerar que el libro, inmerso por completo en este discurso, utiliza como fórmula de marketing el presentarse a sí mismo como artefacto de culto, como sinónimo de inteligencia, de sabiduría y profundidad espiritual.
¿Por qué tiene que tener un libro Victoria Xipolitakis? Porque de esta manera se genera un nuevo punto de venta alrededor de su nombre que acceda a una población de consumidores que se acercan a la vedette desde una postura irónica y que se ven a sí mismos más "elevados" como para llegar a ella sólo por televisión. Además, si se pone de "moda" haber leído su libro (o mejor dicho el texto que el escritor fantasma ha producido) será sinónimo de pertenencia a un sector más o menos letrado.
No obstante, la frivolidad y el fetichismo lector no se agota en el consumo de best-sellers o textos de personajes de moda, ya que aún en ámbitos académicos se ve presente esta ideología de que el libro por ser simplemente libro ya es algo valioso, por lo que su acumulación resultará en una mayor ilustración para la persona.
En definitiva el gran conflicto quizás radique en que al leer sólo para acceder al fetiche "libro" se pierde el sentido de la lectura crítica ¿De qué nos sirve tragar textos si no nos dejan nada o si no podemos apropiarnos ni llevar a la práctica los conceptos allí vertidos? Tal vez la clave no esté en dejar de leer "El grito de la Victoria" para consumir con snobismo "El Aleph", si no en entender que el proceso de la lectura conlleva actividad y no pasividad, que el lector si no se compromete con la obra, si no adquiere algo de ella para poder llevarlo al espacio del pensamiento propio, posiblemente termine más vacío luego de leer que antes de empezar a hacerlo.
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