Gualeguaychú: llamaron a todo un edificio por el secuestro virtual de sus hijos
El domingo por la madrugada, en al menos nueve departamentos, sonó el teléfono y del otro lado, una voz llorando les decía "Mamá". A otros les dijeron que era su nieto al que tenían secuestrado.
Hacía mucho tiempo que en la ciudad entrerriana no se conocían casos como estos, donde se reciben llamadas por supuestos secuestros de familiares, que en definitiva no son otra cosa que intentos de estafas virtuales.
Pero el domingo se conocieron, con el correr de las horas, muchos casos similares, con minutos de diferencia entre sí, y en un mismo lugar: el edificio Guini, situado en Perón 35. Se supo que en al menos nueve departamentos sonó el teléfono, pero en ninguno de ellos prosperó la estafa.
Las víctimas fueron en su gran mayoría todas mujeres, de más de 60 años y que viven solas en el lugar desde hace mucho tiempo. Este dato no es menor, porque están casi convencidas de que utilizaron la guía de teléfonos para contactarlas, porque no han cambiado sus números en años y tampoco su dirección.
Graciela Bermúdez es una mujer de 74 años y fue una de las víctimas de esta historia. "A todo el edificio llamaron", fue lo primero que relató, todavía extrañada y asustada por lo ocurrido.
"A mi me llamaron a las 5.20. Atiendo y escucho a una persona llorando que me decía 'mamá'. Enseguida le sacaron el tubo y otra me dijo: 'tu hijo me dijo que vos tenías plata', que pagara el rescate o sino me lo traían muerto al departamento.
" Yo colgué y por el celular llamé al 101 y el que me atendió en Jefatura me dijo que recién había llamado una vecina mía diciendo que le habían secuestrado a su hijo. En la Policía me dijeron que lo que tenía que hacer era llamar a mi hijo y confirmar que estaba todo bien. Lo llamé y estaba durmiendo", contó la mujer, que confesó que para seguir durmiendo debió tomar tranquilizantes y una pastilla para la hipertensión, por los nervios que atravesó.
Esa otra vecina que había llamado antes a la Policía era Elsa Rodríguez, de 65 años. A esta mujer también la contactó una persona llorando y con alguna interferencia en la comunicación, pero que a diferencia del otro caso, el que habló le dijo: "mamá tuve un accidente, te voy a pasar con un hombre que te va a hablar".
Esa persona a la que le pasó el teléfono era un adulto, que utilizó un tono imperativo, "que sabía dar órdenes", recalcó la mujer atónita, sin pronunciar palabra mientras escuchaba del otro lado del teléfono. "Me dice que era un secuestro y que si no hacía lo que me decían lo iban a matar", prosiguió Rodríguez.
A todo esto, la mujer continuaba en silencio del otro lado del tubo y en una escena tragicómica le replica: "señora, por qué no contesta". Fue en ese momento donde le vuelven a pasar el tubo al supuesto hijo que le repitió que hiciera lo que sus captores le decían porque lo iba a matar. "Señora escuchó ¿Quiere escuchar cómo lo golpeamos", amenazó el hombre con voz de mando.
"Sin cortar el teléfono, tomé el celular con la otra mano y lo llamé a mi hijo y cuando me atendió me quedé tranquila y corté el otro llamado", explicó Rodríguez, pero a los pocos segundos volvieron a llamar y ella volvió a cortar.
La mujer confesó, casi entre risas, que sufre de hipertensión y que mientras escuchaba a los supuestos captores, ella respiraba agitada, entonces le decían: "'señora, no respire así, qué le pasa'; tenían miedo que yo me muriera del otro lado".
Las víctimas no fueron al azar, "son todas personas que viven hace muchos años en el edificio y que figuran en la guía telefónica". Rodríguez contó que apenas le ocurrió esto empezó a difundirlo a través de las redes sociales porque "no quiero que esto le ocurra a otros, el susto no se lo deseo a nadie".
Por su parte, Bermúdez es la única que tiene identificador de llamadas en su teléfono fijo y señaló que las llamadas se hicieron desde un lugar donde salía oculto el número.
La Policía tomó conocimiento de este hecho, pero según se informó desde la Jefatura Departamental, solo se recibió una denuncia. Las hipótesis son que los llamados pudieron partir desde algún establecimiento penitenciario y que – aunque en este caso no llegaron a pedir nada – el rédito que consiguen son los códigos de tarjetas telefónicas.
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