El asesinato del abogado Carlos Fernández Durañona desató el descontento. Ya hubo tres marchas en reclamo de justicia y seguridad.
Gentileza www.radiofmq.com
El asesinato del abogado Carlos Fernández Durañona en Quilmes desató el malestar de los vecinos, que en los últimos tres días marcharon en reclamo de justicia por las calles de la ciudad y le exigieron respuestas al intendente Francisco "Barba" Gutiérrez y a la policía local.
En medio de este clima de tensión, este jueves asaltaron en la localidad quilmeña de San Francisco Solano a un policía, al que le robaron el auto y lo prendieron fuego, por lo que debió ser internado en el Hospital del Quemado.
La bronca de los vecinos se desató a menos de 24 horas de que mataran a Fernández Durañona. En la tarde del martes, un grupo de pobladores se reunió frente al Colegio Sagrado Corazón (propiedad de la familia de la víctima), en la calle Alvear entre Conesa y Alberdi, en pleno centro de Quilmes, desde donde marcharon hasta la catedral local, en busca de una respuesta esperanzadora.
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El miércoles, otro grupo manifestó con antorchas por las calles de Quilmes Oeste, culminando la peregrinación frente a la Comisaría Tercera, a cuya jurisdicción pertenece la casa donde fue ultimado el abogado.
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De la protesta participaron familiares de otras víctimas del delito en la ciudad, como la de Agustín Rodríguez, un reconocido panadero que fue asesinado en un asalto en enero de 2013, la de y la de Maximiliano Rodríguez, que fue ultimado una semana antes que Fernández Durañona, por un joven vinculado a la venta y el consumo de paco.
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El descontento vecinal tuvo un nuevo capítulo ayer, cuando un importante número de quilmeños se aglutinó en la céntrica Plaza San Martín, donde exigieron la presencia del intendente Gutiérrez y anunciaron que elevarán un petitorio al ministerio de Seguridad bonaerense.
Por el crimen de Fernández Durañona, la policía detuvo a seis personas, una de las cuales habría sido atrapada cuando intentaba vender el teléfono celular que le fue robado.
El abogado fue asesinado en su casa el lunes por la noche, cuando fue abordado por dos delincuentes que lo sorprendieron cuando le abría el portón a su esposa, Verónica Wolgeschaffen, paradójicamente en forma preventiva para evitar un robo.
Los asaltantes, que contaban con al menos dos cómplices, le pegaron un tiro en medio de un forcejeo y no conformes huyeron con la mujer, por quien solicitaron un rescate. Wolgeschaffen fue liberada tiempo después, luego de que un hermano abonara el secuestro.
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