Opina un cura: "no parece ser un estafador"
*El sacerdote es Párroco de San Alfonso María de Liborio, de la Arquidiócesis de Buenos Aires.
*Aquí, da su opinión sobre Don Carlos, el "Pagador de Promesas".
¿Qué es una promesa y cuál es su importancia en la religión católica?
El Catecismo de la Iglesia Católica habla de las Promesas y votos. De las promesas hechas a Dios dice que algunas son constitutivas de los sacramentos (como el Bautismo y la Confirmación, por ejemplo). Luego señala que, por devoción personal, el cristiano también puede prometer a Dios un acto, una oración, una limosna, una peregrinación, o lo que desee, y la fidelidad a esas promesas es una manifestación de respeto y de amor hacia Dios.
En cuanto a la religiosidad popular, la Iglesia favorece las expresiones del sentido religioso cristiano en sus diversas formas, tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, etc.
El promesante es una figura tradicional y en Argentina acompaña nuestras raíces hispano-criollas desde la primera evangelización. Baste señalar los fieles que cada año suelen peregrinar a nuestros santuarios marianos. En cambio, la figura del "pagador de promesas" nos es, en general, extraña y no está encuadrada hoy por hoy dentro de las prácticas de nuestra piedad popular.
Por lo que este mismo señor dice que hace le vendría mejor el título de “gestor”, que obra y cobra por encargo.
En cambio la solidaridad entre creyentes -por ejemplo si alguien ofrece hacer una peregrinación por otro que está enfermo- es siempre un acto gratuito de intercesión y movido por la caridad. Introducir un cobro pecuniario en este cumplimiento propio a favor de otros alteraría de lleno el sentido y la gratuidad del gesto.
¿Podríamos sospechar que en este caso estamos frente a una posible estafa o "cuento del tío"?
Este portugués ofrece su servicio como una facilitación para personas impedidas de cumplir su promesa o transportar el pago de la misma al Santuario de la Virgen de Fátima. Y parece poder dar constancias ciertas del itinerario cumplido. Sus dichos lo presentan, incluso, como un hombre de aparente piedad y convicción cristiana. Con este perfil no parece ser un estafador.
La cosa sí sería grave si se tratara de la celebración de los Sacramentos, que son parte del acervo sagrado que la Iglesia ha recibido gratuitamente de Cristo y que ha de ser administrado gratuitamente.
¿Este señor no estaría ofreciendo un servicio eclesial “privatizado”?
El “pagador de promesas” no es un ministerio eclesial reconocido y los sacramentos de Jesucristo y de la Iglesia son parte, por así decir, de su patrimonio público no privatizable.
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