Brote mundial del Ébola: entre el temor y el temblor

Sociedad

Cuando los seres humanos estamos bajo los efectos del miedo estamos inmersos en una sensación de angustia tal que sólo podemos pensar en cómo salir de esa situación, de qué manera erradicar ese peligro que nos amenaza y nos sumerge en ese estado de miseria emocional.

Sucede que en ocasiones ese peligro es concreto y fácil de ser señalado, pero también ocurre que muchas veces tal amenaza en principio se ve como algo definido cabalmente cuando en realidad es más bien un concepto abstracto.

¿A qué nos estamos refiriendo? A aquellos temores que son suscitados más que nada por el desconocimiento.

Por ejemplo, alguien puede sentir aprensión por las arañas, animales definibles y concretos, mientras que otros pueden sentir pavor por conceptos como la muerte en sí misma.

A la muerte se le teme, por lo general, porque se desconoce qué pasa cuando ocurre, porque no podemos pensar la realidad de una manera diferente que estando vivos, por lo que todo lo que sea diferente a ello se nos vuelve una incógnita, una carencia total de certezas.

Así pues, en la ausencia de certezas es que nos sentimos desprotegidos e inseguros llegando a experimentar una gran ansiedad alimentada por el ejercicio de intentar erradicar esa incertidumbre imaginando el panorama futuro que, por lo general, será aterrador y catastrófico; de esta forma nace la paranoia.


Algo por el estilo es lo que está sucediendo hoy por hoy con el tema del Ébola. De ninguna manera se tiene la intención de subvalorar su peligrosidad o negar la amenaza que significa esta enfermedad, pero sí tal vez podamos trazar algunas líneas para intentar interpretar qué es lo que está sucediendo y lo que comienza a representar para nuestra sociedad esta patología nacida en el antiguo Zaire.

A la muerte se le teme, por lo general, porque se desconoce qué pasa cuando ocurre

En primera instancia, su excesiva exposición, ¿responde a que es el principal peligro que afronta la humanidad en la actualidad?

Hasta el momento las cifras de fallecidos por este brote ronda las cinco mil personas, un número alto, pero lamentablemente muy bajo al lado de los millones que mata, por caso, la tuberculosis. Pareciera entonces que es una más de las tantas cosas que amenazan nuestra existencia como el cambio climático, las patologías cardio-vasculares o los meteoritos intrusos que podrían llegar a impactar nuestro planeta. Sin embargo se ha impuesto el tema "Ébola" y tal vez no nos hemos detenido demasiado a preguntarnos por qué.

Hoy en día la tuberculosis mata alrededor del mundo más que el Ébola

Thomas Hobbes señalaba con posmosa claridad lo que el miedo produce en los seres humanos y las acciones que somos capaces de cometer para evitar sufrir la inseguridad de no saber cuánto tiempo vamos a poder vivir tal cual lo hacemos.

Así es que sostiene este filósofo que la única salida es la construcción de un pacto o contrato social en donde se cedan derechos a favor de un estado fuerte y dominador que, a través de la ley y la justicia, ordene la sociedad y garantice la seguridad; a este estado Hobbes lo llamará Leviatán.

Entonces, ¿no será que se nos está queriendo incorporar un nuevo temor en vistas de lo que somos capaces de hacer cuando estamos embargados por él?

No se trata de llevar adelante teorías conspirativas imposibles de comprobar, pero si analizamos toda esta situación con algo de profundidad: ¿no llama la atención que en un tiempo en donde el consumo de tabaco disminuye en todo el mundo emerja el mayor brote de una enfermedad que puede ser tratada con un medicamento llamado ZMapp que ha salteado casi todos los pasos del protocolo para su administración y que se produce a partir de plantas de tabaco modificadas genéticamente?

En conclusión, el Ébola se ha convertido en la actualidad en tema de debate y en una amenaza latente de la cual deberíamos estar alertados y preparados para afrontar; ahora bien, creemos que esto no ha de ser un obstáculo para que nos preguntemos si el temor que nos genera como sociedad está fundado sobre bases concretas o si, además, no existe la intención de exacerbarlo.

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