Paternidad tardía: la delgada línea entre ser padre o abuelo
- La postergación del matrimonio y el crecimiento de las obligaciones y de la esperanza de vida hacen que los casos de paternidad tardía vayan en aumento.
- Dos psicólogos consultados explican los pro y los contra de ser un padre mayor y el actor Santiago Bal, quien tuvo su tercer hijo a los 54, comparte junto a minutouno.com su experiencia.
Ser padre implica esfuerzo y dedicación para con los hijos: despertarse a mitad de la noche si el bebé llora, compartir salidas y juegos con los chicos y ser una suerte de servicio de urgencia las 24 horas disponible durante los 365 días del año.
Hay algo que es indiscutible: las condiciones biológicas no son las mismas. Junto con el paso del tiempo aparecen los primeros achaques. Quien sea padre después de los 50 no tendrá la misma resistencia para correr o practicar un deporte que un chico de 20 o 30. Pero eso no significa que la crianza sea mejor o peor. “La edad no es decisiva. Hay una cuestión biológica en relación a los límites del cuerpo, pero esta no debería afectar si el hombre cumple con su función paterna”, señala la psicóloga Doris Saslavsky a minutouno.com.
Esa misma disponibilidad de la que habla Iacub sintió Santiago Bal (71), cuando a los 54 fue padre por primera y única vez con Carmen Barbieri (51), pero por tercera vez en su vida (tuvo el primero a los 27 y el segundo a los 40).
“Son tres etapas distintas y tres mujeres distintas. A los dos primeros no les dediqué todo el tiempo que necesita un chico. Reconozco que no fui un papá perfecto. Era joven y corría detrás del laburo todo el tiempo. Pero el tercero me permitió reivindicarme de los anteriores. Los hermanos lo llaman ‘el vengador’ porque me está haciendo hacer todo lo que no hice con ellos”, confiesa Bal a minutouno.com .
El autor de “Proyectar la vida” también recuerda el caso de un fotógrafo mexicano muy famoso, a quien entrevistó para el libro en cuestión, que tuvo un hijo a los 20 y otro a los 60. “Soy mucho mejor papá que un joven, justamente porque a los 30 estás con todos los problemas de tu propia identidad. ¿Quién sos?, ¿qué hacés?, y todo lo que conlleva eso. Pero además, el hecho de que yo tenga un niño de 5 años y medio me coloca en un círculo de ocupaciones y actividades que me mantienen joven”, le decía el fotógrafo a Iacub.
Los años no vienen solos
Si bien es cierto que la mayoría de los hombres que fueron padres en la tercera edad destacan como positiva la posibilidad de asumir la paternidad con mayor dedicación y responsabilidad, también lo es el hecho de que el reloj biológico marca la hora y el fantasma de la muerte aparece como algo latente.
Mientras que el doctor en Psicología afirma que en los de 50 se presenta el temor a no tener la fuerza para acompañarlos y que de los 60 en adelante, directamente se da el miedo a “no estar”, es decir, a que los hijos se queden sin padre muy jóvenes, Saslavsky apunta que nadie sabe lo que puede llegar a pasar y que no hay garantía de vida para los padres adultos ni para los jóvenes.
Pese a que Bal dice planear vivir hasta los104 años, admite que cuando estuvo enfermo (padeció cáncer tres veces y en 1998 un grave problema renal), tuvo miedo y encomendó el bienestar de su hijo menor al mayor. “Se lo había relegado al más grande. Le dije: ¡ojo! Mariano, atendeme al chiquito, prestale atención si yo no puedo”.
Ahora bien, ¿qué pasa del lado de los hijos? Silvia Sánchez recuerda a su padre con nostalgia y reconoce que lo perdió muy temprano y que le hubiera gustado que él pudiese ver más adelantos en su vida. “Me tuvo a los 50 y si hoy viviera tendría 98. La diferencia de edad se sentía porque no se adaptaba a los cambios, era muy chapado a la antigua. Se horrorizaba con todo, a mi hermana y a mi no nos dejaba usar minifalda y nos prohibía salir. Por suerte, teníamos una madre más joven que se complotaba con nosotras”, finaliza la mujer.
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