Cuando la palabra desaparece
Cuando todo termina a los a los tiros, o a los golpes, estamos "al horno". Los últimos casos revelan una triste forma de resolver los conflictos.

Por Mauro Szeta
Un auto estacionado de modo incorrecto en el acceso a un garage de una casa de Palermo, terminó con el dueño de casa, destrozando el coche a hachazo limpio.
Después se supo que el dueño de casa, tenía otras causas penales más en trámite: una de ellas, por balear a un hombre y otra por tenencia de drogas.
Lo curioso es que en un termómetro de mensajes por redes sociales, fueron más las voces que se alzaron para "bancar" al vengador del auto.
Así las cosas, cuando esta historia aún seguía viva en la palestra mediática, en Garín, un hombre atacó a los tiros a un padre y a su hija, tras discusiones reiteradas por un contrapiso o una medianera.
Lo increíble en este caso es que la mujer baleada, cuando vio que agredían a su padre y lo herían de cuatro tiros, tomó un arma y salió a perseguir al agresor.
Las palabras en el olvido. Todo se dirimió a los tiros o a los golpes. Triste. Locura total.
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