Encontró a los asesinos de su hijo y pelea para que sigan presos
Ante la inacción de la justicia, Graciela Pera investigó durante un año y siete meses para dar con los asesinos de su hijo Matías, de 21 años, quien fue ultimado de un disparo el 19 de marzo de 2004 cuando atendía una ferretería en la localidad de Carupá, en el partido bonaerense de San Fernando. Ahora se moviliza ya que uno de los condenados pidió la libertad anticipada y el otro lo hará el mes que viene.
Con todos esos datos llegó a un primo hermano del asesino de Matías. Contó que "El Negro Fernández" le dijo que había matado al chico de la casa de computación y que lo hizo acompañado por Chanín Albermajer, un ladrón que había estado tres años y ocho meses preso en Bahía Blanca por robar un banco con un arma de guerra. Salió de la cárcel en enero de 2004 y en marzo fue a asaltar el negocio de Matías.
Graciela siguió. Después encontró a un hombre de la villa y él le dijo que uno de los asesinos de su hijo tenía un tatuaje tumbero: un duende enano fumando marihuana.
Un vecino del negocio donde trabajaba Matías vio ese tatuaje en el brazo de uno de los ladrones. Tenía miedo de declarar. Graciela lo llamó todas las noches a las 22, durante 30 noches seguidas. Hasta que el hombre aceptó declarar. El fiscal vio en la carpeta de antecedentes que ése era el tatuaje que tenía Chanín. Las pruebas se sumaban.
En la villa, Graciela obtuvo el dato final. Chanín estaba trabajando en un mercado de la ruta 202. Y se fue para allá sola. Agarró un arma de juguete y la acomodó en una cartera de jean, como para que quedara a la vista.
"Fui al puesto de verduras a las 8 de la mañana. Pregunté por Chanín, cerré los ojos y, cuando los abrí, venía caminando hacia mí. Le digo 'qué tal, como estás. Yo soy la mamá de Matías, el chico que vos y el Negro Fernández mataron en la casa de computación'. Me dice 'No señora, yo no tengo nada que ver'. Yo tenía ganas de romperle la cabeza pero seguí hablando. Él me dice que me había visto caminando por la villa y que estuvo tentado de venir a hablarme pero no lo hizo. Le dije 'Bueno, hablame ahora'. Me dijo 'Yo, señora, le tengo miedo a usted porque si usted vino hasta acá es capaz de cualquier cosa'”.
El juicio oral fue el 28 de febrero de 2008, con El Negro Fernández y Chanín Albermajer sentados en el banquillo. Duró tres días. El Negro fue condenado a 18 años de cárcel. Chanín, a 17.
Ahora supo que uno de los condenados acaba de pedir la libertad por haber cumplido las dos terceras partes de la pena. Y el otro lo hará el mes que viene. Graciela empezó a moverse de nuevo: ya averiguó que el informe del Servicio Penitenciario fue negativo.
"Ahora tengo que luchar para que cumplan hasta el último día que les corresponda. Mi única preocupación es que no salgan antes de tiempo. La pena se agota en 2020, pero no creo que lleguen... Yo ahora lucho para ser parte ante el juez de Ejecución Penal y oponerme a la liberación anticipada".
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