¿Qué hacer cuando los regalos son feos...muy feos?

Sociedad


  • El dilema reside en cambiarlos o guardarlos. Cada uno con sus pro y contras.
  • Seguí los consejos de los especialistas para saber qué hacer en estos casos.


De uno u otro modo, todos debimos enfrentar la fatal duda de qué hacer cuando nos regalan algo que está muy lejos de nuestro gusto o deseo. Todos debimos hacer alguna suerte de ejercicio facial para disimular nuestro disgusto, y nos preguntamos luego si lo habremos hecho bien. ¿Qué hacer con aquella remera que jamás nos pondremos, con ese adorno que se choca de narices con el estilo de nuestro living, con ese libro a años luz de nuestro gusto y con este CD de un grupo que aborrecemos?

El dilema se debate entre cambiarlo y aprovechar el gasto del otro para hacerlo productivo, o bien conservarlo y esconderlo en el ultimo rincón del placard y sacarlo a relucir únicamente cuando el que lo obsequió se presenta en nuestras vidas.

Sin embargo, es probable que aquella persona que hizo el regalo haya puesto en el obsequio un sentimiento y que se haya tomado su tiempo para la elección del mismo -creyendo que daría con nuestro gusto personal- por lo cual espere ver en el rostro del que recibe una suerte de devolución expresada en una leve sonrisa para sentir que su trabajo estuvo bien hecho.

“Cuando regalo algo lo hago desde el corazón entonces si me entero que la otra persona lo cambió me ofendo. Si no le gusta que no lo use pero que no me haga sentir mal. Si total el que lo recibió no gastó nada”, sostuvo Silvia (52). En estos casos, difícilmente el cambio del regalo sea la opción ya que la venganza podría ser fatal debido al sentimentalismo del cual se dotó al objeto en cuestión.

Para estas ocasiones la especialista en buenos modales Eugenia De Chikoff aconsejó guardarlos: “Una opción es archivarlos y cuando hay que hacer un obsequio observar si lo que se acumuló puede servir o no. Es una alternativa mediante la cual se economiza y se aprovecha el regalo para hacer feliz a otro. Siempre lo que a uno no le gusta le puede encantar a otro y el que obsequió no tiene porque enterarse”.

En cambio, hay otras personas que no se toman tan a pecho un regalo y saben que nunca coincidirán con el gusto del otro por lo que si la remera a flores estampadas luego se transforma por arte de un cambio -y quizás también de unos pesos más encima- en una a rayas no va ser problemático. Y hasta puede provocar en el otro una sensación de utilidad y de que no ha gastado su dinero para que quede tirado en el lugar más recóndito de una casa o un placard.

Para la especialista en Ceremonial y Protocolo Edith Cotelezzi, ya no va más eso de regalar para que no lo cambie. “El que regala lo tiene que hacer con apertura de mente para entender que si no gustó hay que habilitar al otro a que lo cambie.  El que sea tan rígido en ese sentido además demuestra su inseguridad”.

Por otro lado, Cotelezzi destacó que “si uno sabe que puede cambiar el obsequio, en caso de que no sea de su agrado, lo recibe con más alegría aún”.

“A mí me aburre pensar en qué regalar, así que trato de buscar algo que pegue con la onda del otro. Pero si no le gusta prefiero mil veces que lo cambie por lo que quiera. No da en esta época gastar plata en vano. Y si el regalo no va a ser de provecho para el que lo recibe para qué sirve. Yo no regalo para que me guste a mí sino para que lo disfrute el otro. O sea, yo no regalo un objeto. Yo regalo el supuesto disfrute que el objeto le puede causar a la persona y si no le genera nada no sirve, que lo cambie”, expresó Julia (22).

Cara de poker

Para Cortelezzi la regla de oro en cuanto a educación se trata es la cara. “Siempre cara de sorpresa, cara de agrado y agradecimiento. Si no nos gusta es mejor que la cara de asco pase por una de sorpresa”, sentenció la especialista para describir el ejercicio facial a exponer ante la entrega de un obsequio.

Pero eso no es todo. La experta explicó que las reglas de ceremonial y protocolo indican que los regalos deben abrirse totalmente ante la vista del que obsequia para demostrar que no va a regalarse a otra persona. “Por ejemplo, si es un perfume abrirlo todo. No necesariamente hay que probárselo porque se sabe que uno ya tiene puesto otro. Si son flores hay que ponerlas inmediatamente en agua y a la vista de todos. Queda muy desprolijo no hacer esto”.

Para no errarle

Para evitar pifiarle al gusto del destinatario aquí una serie de tips para seguir:
-Pensar siempre en el destinatario.
-Si falta información buscarla en el entorno de la persona.
-Si no se logra, hay que recurrir a los regalos estándar. Es decir aquellos impersonales.
-Decir siempre que tiene la opción de cambiarlo.
-Si es un libro no hay que dedicarlo.
-No pensar en uno mismo.
-No regalar algo que nos gusta para luego pedirlo prestado.

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