Ser fóbico social es bastante más serio que ser un tímido

Sociedad

Ruborizarse frente a un auditorio, no poder mantener una conversación con gente que no es cercana y sentirse con las miradas encima permanentemente son síntomas que pueden confundirse con la timidez. Sin embargo, estas situaciones, frente a las que muchas personas harán lo imposible por evitarlas, son indicadores de lo que se llama fobia social.

Se trata de un trastorno de ansiedad “que se caracteriza por el temor a pasar el ridículo o quedar avergonzado frente a otros. O bien, ser evaluado negativamente. Quien sufre de fobia social tiene la idea de que las otras personas son  muy competentes en público y que ella o él no lo es”, explicó el psicólogo Esteban Mongiello a cargo de las charlas gratuitas que da laFundación ICCAp acerca de la temática.

“Cuando entraba a un salón lleno de gente, me ruborizaba y sentía que todos los ojos estaban puestos en mí. Me daba vergüenza pararme en un rincón yo sola pero no podía pensar en qué decir a nadie. Me sentía tan torpe que me quería ir inmediatamente", le confesó una paciente de 25 años a Mongiello.

El especialista resaltó que las personas que padecen este trastorno “colocan toda su atención en la mirada de los otros y en lo que pensarán de ellos lo que les provoca una evaluación continua de si mismos. De este modo, entran en un círculo vicioso que los perpertua: ¨Ahora me tiemblan las manos, estoy sudando y mi cara está ruborizada¨. Entonces, se ponen más nerviosos y comienzan, por ejemplo, con palpitaciones y así sucesivamente”.

“Sentía el estómago descompuesto y casi creía tener gripe. Mi corazón latía fuertemente, las palmas de las manos se me llenaban de sudor y tenía la sensación de estar separada de mí misma y de todos los demás. No podía dejar de focalizar en la soltura con que los demás exponían frente al auditorio y que yo no iba a poder lograr”, amitió al psicólogo una estudiante universitaria respecto a las situaciones de examen oral.

La timidez exacerbada

Ruborizaciones, palpitaciones, sudoración y malestar estomacal son algunos de los síntomas que se desencadenan uno tras otro a medida que la ansiedad va aumentando y perpetuándolos en el círculo vicioso.

Nada que un tímido no manifieste. La diferencia entre este y un fóbico social es que el primero “logra superar la situación de angustia apenas entra en contacto con la gente. En cambio, en el fóbico -esa sensación de ansiedad- se prolonga. Y lo que era un cosquilleo en la panza termina en vómitos”, explicó Mongiello.

Esta patología suele aparecer en las primeros momentos de la edad adulta cuando la persona tiene que enfrentar situaciones que dependen exclusivamente de el: entrevistas laborales, exámenes orales, casamientos…

Sin embargo, muchas veces tiene asidero en la infancia, en los antecesores y en el ámbito cultural. “Cuando en el consultorio indagamos sobre el origen de este trastorno saltan situaciones de extrema timidez que se remontan a la infancia y que sirvieron de ante sala a la fobia”, contó Mongiello.

En lo que al factor hereditario respecta, que un familiar haya presentado un trastorno similar no quiere decir que necesariamente aparezca en algún descendiente. Sino, que este es más propenso a padecer fobia. A su vez, mucho tiene que ver el entorno social que va a ayudar a fomentar o aplacar esos primeros comienzos del trastorno.

Todo tiene cura

La fobia social, como la mayoría de los trastornos, tiene solución. Una de las opciones para hacerle frente es la terapia cognitiva que apunta a aportar herramientas puntuales y recursos para enfrentar situaciones de ansiedad. El objetivo es transformar lo que resulta amenazante en desafíos personales y darles batalla.

Por otro lado, los ejercicios de relajación y respiración se utilizan para lograr que el paciente detenga su atención en estímulos neutros y no en la mirada ajena ya que los fóbicos sociales suelen compararse con aquella persona que ven que se desenvuelve con soltura y a la perfección. Y se comparan a tal punto de pensar que ellos nunca podrán ser así y se retrotraen aún más.

Lo cierto es que tiene solución aunque depende de cada persona el tiempo que le tomará controlar su ansiedad. Puede llevar de seis a ocho meses.

Aproximadamente el 80 % de las personas que sufren de fobia social encuentran alivio a sus síntomas cuando se les da tratamiento de terapia cognitivo-conductual, de medicamentos, o una combinación de ambos.

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