Un argentino ganó el IgNobel (Antinobel) por usar Viagra para controlar el reloj biológico

Sociedad

* minutouno.com habló con el doctor en Física Diego Golombek quien se siente orgulloso sobre su premiación, nada menos que en Harvard.


  • Conocé la historia y la intimidad de los premios "Anti-Nobel".
  • Además del trabajo del argentino Diego Golombek sobre los efectos del Viagra para curar el jetlag, se premió científicos que detectaron por qué los pájaros carpinteros no sufren jaquecas o cómo extraer aroma a vainilla de la bosta de vaca.

La revista Nature lo consideró “el evento posiblemente más destacado del calendario científico del año”. Sin embargo, al igual que los Razzies (Anti-Oscars que hacen temblar a la estrellas de Hollywood), los Ignobel son, para muchos cerebros de laboratorio, una distinción con la que prefieren no cruzarse.


 


También catalogados como “Antinobel”, los IgNobel (cuyo nombre en inglés se entiende como “innoble”) premian los hallazgos más ocurrentes, extraños y hasta bizarros de la comunidad científica mundial.


"Nos reímos porque sabemos que detrás de todo hay ciencia"    


“Se dan a trabajos que primero te hagan reír y después pensar. Hay gente que los rechaza porque les puede costar el laburo o peleas con pares y jefes”, aclara a minutouno.com Diego Golombek, el primer y único argentino premiado en la edición de este año. Su joyita de pipeta refiere a un estudio sobre lo beneficios del Viagra para curar el jetlag (hasta ahora) en hamsters.

Y que a nadie se le escape la risita, porque lejos de ser un “cuelgue” entre intelectuales, el estudio del director del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) fue publicado en la prestigiosa revista de la Academia Norteamericana de Ciencias.


 


Golombek, de 43 años, es además director de teatro, periodista y músico. Dirige la colección "Ciencia que ladra..." de la editorial Siglo XXI, en la que publicó varios libros, entre ellos, "El cocinero científico" y "Sexo, drogas y biología". Además de hablar con minutouno.com, el científico narró su logro en la revista "Debate", donde es columnista.



Una premiación alocada

El premio se entrega en Harvard, con técnicos del MIT y siempre hace de anfitrión un ganador del Nobel, el auténtico.

Es muy Les Luthiers, con música y un humor cuasi nerd, con juegos de palabras”, explica el premiado argentino. Como si la perinola hubiera caído en el “todos juegan”, durante la misma hay discursos que duran 24 segundos o en el caso de los premiados tienen 60 segundos para agradecer. Pasado el minuto aparece una nena que dice "Por favor pará, estoy aburrida", tantas veces hasta que el premiado culmine. O un árbitro de fútbol que toca el silbato cuando pasa algo raro.

Lejos del rol de “reidor/aplaudidor”, en el que se lo suele colocar, el público de esta entrega participa gritando, riéndose y hasta tirando aviones de papel. Cuando todo termina es un propio Nobel el que barre, sin que se le caigan las medallas…

La ceremonia que se repite anualmente desde hace 17 años, reunió desde una señora que estudia la fauna aspirada, un orinitólogo que explicó por qué los pájaros carpinteros no sufren jaquecas y estudios sobre cómo extraer aroma de vainilla a partir de bosta de vaca.



“Me parecen divertidísimos. Lo recibí de brazos abiertos. Es el día al año en que la ciencia se ríe de si misma”, acota Golombek que no titubeó en aceptar la controvertida distinción.

Es que, a diferencia de lo que se podría imaginar de un encuentro entre sesudos, en los Ignobel tiran la pipeta por la ventana…

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