Yo quiero ser famoso, ¿Y usted?

Sociedad


  • Cientos de personas comunes buscan por todos los medios acceder a la TV en busca de reconocimiento social contrariamente.
  • Especialistas en el tema dan su opinión acerca del furor por alcanzar los 15 minutos de fama. 

Cada vez más personas buscan ser reconocidas socialmente a través de la pantalla, y las “agencias de talentos” son un fuerte indicador de este fenómeno. Años atrás, apenas reclutaban algunos chicos, y hoy no sólo creció la cantidad de personas que quiere exhibir sus potencialidades, sino también el número de “cazatalentos”. Y esto sin contar a los improvisados que se lanzan a convocatorias abiertas.

Sin ir más lejos, 15 mil personas hicieron largas colas para hacer el casting del ya consumado reality Latyn American Idol que se hizo en Buenos Aires. Otros 26 mil jóvenes se presentaron al casting de Dysney High School Musical para llegar a formar parte de la versión argentina del musical estadounidense. Y si de referentes se trata, Gran Hermano es la marca: 30 mil jóvenes se presentaron en total -sumando todos los castings realizados en Uruguay y en Argentina- para protagonizar la nueva versión de ignotos.

Para la psicóloga Doris Saslavsky esto refleja que en la actualidad “hay una fuerte necesidad de reconocimiento. Y como vivimos en sociedades multimedíaticas en donde la imagen es muy importante y todo pasa por los medios, si uno aparece, existe: desde el yogurt hasta la modelo.  Y no importa el modo si no que lo haga”.

Juan Scoufalos, director y fundador de la agencia de talentos Elencos y Elenquitos, describió su propia empresa como “una fuente de recursos humanos masivos. Algo así como un Gran Hermano continuo por el cual gente común busca acceder al ambiente del espectáculo”.

Este cazatalentos, para quien estamos en una etapa de revolución mediática, tiene sus propias estadísticas: “Elencos se fundó en 1988 con un staff de cinco personas  y una base de datos de “talentos” de 1500. Hoy, tenemos 40 mil inscriptos vigentes y 18 empleados. Pero eso no es todo, en esa época la competencia eran tres o cuatro agencias más. Ahora debe haber alrededor de 140. En los últimos tiempos el afán por llegar a ser famoso es furor”.

A su vez, Scoufalos resaltó que en aquellos primeros años “reclutábamos de una a dos personas por mes. La actividad era desconocida y el que llegaba era porque era familiar de…Aparecer en la tele para la gente común era vergonzante y se lo asociaba a la falta de otro trabajo. Hoy todos quieren fama y se apasionan por la tele, les encanta exponerse”.

No en vano la fama es tan buscada por miles y miles: Comer gratis en los mejores restaurantes, ir a los vips de los boliches, que  los reconozcan por la calle, que los persigan por un autógrafo y que los periodistas los acechen para sacarles unas palabras son algunos de los beneficios o encantos de la fama que atraen tanto, y por los cuales muchos buscan ser reconocidos.

“Esta búsqueda, en algunos casos, tiene que ver con el narcisismo en donde para no sentir la falta o el vacío interno se lo quiere llenar con la fama. Pero el vínculo que se establece es indirecto. Es decir, mediado por el medio. Y esto no hace al crecimiento personal que implica un dar y recibir. Lo único que importa es la mirada del otro”, explicó Saslavsky.

De hecho, muchos ya asumieron públicamente que su paso por la tele fue para que los reconozcan y los hagan famosos –aunque siempre está el que sólo busca dinero-. Todos quieren probar el sabor de la caja boba. Claro está que una vez que el ignoto consiguió su cuarto de hora de fama, la valoración  que hace de si mismo se acrecienta a niveles inexplicables y sin cimientos que lo sostengan.

Ya lo dijo el periodista Beto Casella respecto de las nuevas estrellas de la TV marca reality: “Una vez que firmó un autógrafo no lo baja nadie”.

Por su parte, Scoufalos afirmó que es común que “un chico que era desconocido y que pegó un par de trabajos luego tenga pretensiones sin tener un sustento para hacerlo ni una formación. Sólo un par de comerciales. Eso encima hace que tengan otra consideración de si mismos, más elevada de la real”.

Sin embargo, “el tiempo se encarga”, sostuvo el pionero de los cazatalentos, para quien la gran mayoría vuelve con la cabeza gacha. “Luego de ese momento estelar que pocas veces pueden sostener –lleno de caprichos de diva- me sorprendo de ver que aceptan trabajos menores”. Es que claro, difícilmente alguien que tomó el atajo y llegó a la fama de forma rápida pueda sostenerse sin tener una trayectoria que lo respalde.

“La tele es un imán poderoso y todas quieren su minuto de fama pero las modelos saben, o tienen que aprender, que en esta carrera se valora el esfuerzo y el trabajo y que la tele no es el camino. Una modelo popular no es una modelo de pasarela. En todo caso, primero hay que trabajar y luego ir a la tele porque también es cierto que refuerza la imagen”, opinó la modelo y dueña de la escuela de modelaje Anama Models, Anamá Ferreira.

Pero pese a que son conscientes de ello, la atracción que genera, es para muchos inevitable. Una suerte de imán que los atrapa más no sea por 15 minutos de fama, ¿Acaso quien no se acuerda del osado que por probar la efímera fama se quitó la remera en plena nevada porteña?

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