Trascendente victoria del diálogo y la negociación en Corea

*La inmensa significación del compromiso que acaba de asumir el díscolo régimen norcoreano en materia nuclear, y de su acercamiento a Corea del Sur.

Si esta vez todos cumplen con su parte de lo pactado, el caso norcoreano quedará en la historia como ejemplo de que hasta los conflictos más antiguos y difíciles del planeta pueden resolverse en una mesa de negociaciones.

Que Corea del Norte se haya comprometido a desconectar el reactor nuclear de Yongbyong, accediendo a que Estados Unidos verifique el cumplimiento de este compromiso a cambio de asistencia internacional energética; y que semejante anuncio haya sido publicado el día del encuentro entre los líderes de las dos coreas, en una cumbre destinada a sondear el fin del estado de guerra que rige en la península, constituye uno de los hechos más esperanzadores de la década.

El estrambótico líder norcoreano Kim Jong Il recibió ayer en Piongyang al presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun, para analizar la firma de un tratado definitivo de paz.

Ocurre que la guerra que estalló en 1950 cesó en 1953, pero desde entonces rige un armisticio porque nunca se firmó la paz. O sea que, técnicamente, las dos Coreas nunca dejaron de estar en guerra.

Los acuerdos de Yalta dividieron a la altura del Paralelo 38 la península que los japoneses ocuparon desde 1910 hasta 1945. Pero Kim Il Sung, fundador y líder del estado comunista establecido al norte de esa frontera, jamás aceptó del todo la división pactada entre soviéticos y norteamericanos.

Por eso en 1950, el poderoso ejército norcoreano, compuesto por doscientos mil efectivos y equipado con tanques rusos T-34, traspusieron el Paralelo 38 con el objetivo de la reunificación forzosa ocupando el estado capitalista y protegido por Estados Unidos situado al sur de la lineal frontera.

Las fuerzas norcoreanas avanzaron rápidamente hasta Kwangju, Pusan y Taegu, con el plan de volver luego hacia Inchón y Seul. Y está claro que habrían logrado fácilmente estos objetivos de no haber intervenido el ejército norteamericano, bajo bandera de la ONU, con efectivos de países aliados y con la conducción del general Douglas MacArthur.

Si bien en 1953, cuando se estableció el armisticio, MacArthur no alcanzó su pretensión de ocupar Pyongyang y derribar al régimen comunista, Kim Il Sung tampoco logró su objetivo de reunificar la península en una sola Corea con régimen comunista.

Por eso jamás firmó la paz, dejando todo en un simple y frágil armisticio, y también por eso trabajó desde la década del cincuenta en dotar a su país de poder nuclear.

A la tecnología que desarrolló en la central atómica de Yongbiong pudo llevarla al terreno de los armamentos merced a la colaboración de Abdul Qader Khan, el científico que creó la bomba atómica de Pakistán.

El poderío bélico norcoreano se completó con el desarrollo de los misiles Taepodong, que fueron probados en desafiantes lanzamientos por sobre la isla japonesa de Honshú.

Pero la locura megalómana de Kim Il Sung se proyectaba hacia el futuro y, al morir, dejó una cláusula constitucional estableciendo su inmortalidad. Por eso su hijo y heredero, Kim Jong Il, hoy lidera a los norcoreanos pero con el rango de vicepresidente, porque el presidente sigue siendo su padre, el “inmortal” Kim Il Sung.

Esto parece delirante (y lo es), pero en un régimen de las características del norcoreano, tiene implicancias prácticas: por caso, nadie puede cambiar el eje de sus principales políticas, porque nadie tiene la autoridad presidencial para hacerlo.

De este modo, teóricamente, su hijo Kim Jong Il no tiene autoridad para enterrar la política nuclear de su padre, ni para firmar la paz que su padre nunca firmó con los norcoreanos. Por eso, entre otras cosas, es tan significativo lo que ha ocurrido esta semana.

No se puede descartar que, como ocurrió en el 2002, ninguna de las partes cumpla lo acordado en materia nuclear y de asistencia energético, y todo quede en una inmensa frustración como ocurrió entonces.

Lo mismo con el diálogo Inter.-coreano. Después de todo, hace siete años el entonces presidente surcoreano Kim Dae-jung viajó a Pyongyang e inició un acercamiento que luego no se produjo.

Sin embargo, el hecho de que los actuales compromisos hayan surgido de una negociación que, por primera vez, incluyó a China y Rusia, fortalece la esperanza de que el mundo esté frente a un logro imponente de la negociación como instrumento pacificador.

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