Donde hubo llanto, balas y sangre, Colombia busca poner diversión y relax. Se trata de bellezas naturales ocupadas por las FARC y que ahora pueden convertirse en destinos turísticos.
Una iguana en el Bajo Cauca
La pequeña población de Marinilla
Habilitar para el turismo senderos que antes estuvieron sembrados de minas antipersona es una de las iniciativas que serán puestas en marcha en el noroeste de Colombia para rehabilitar social y económicamente áreas duramente golpeadas por el conflicto armado.
El proyecto se llama "Turismo para la paz" y tiene como objetivo potenciar el posconflicto como una oportunidad para buscar en el turismo un método de restauración social y económica.
La idea es pasar de zonas de guerra, de llanto, de dolor, de balas, de enfrentamientos, de conflicto y convertirlas en zonas de aventura, de esperanza, de alegría.
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La pequeña población de Marinilla
En suma, se trata de aprovechar la paz con la guerrilla de las FARC, para que maravillas que durante décadas estuvieron vedadas se puedan usar con fines recreativos, de vida, para turistas nacionales y extranjeros.
La idea es que en esos lugares, que además del conflicto armado sufrieron el abandono del Estado, se puedan hacer senderos turísticos como las rutas del Camino de Santiago, en España.
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Una de las regiones de Antioquia donde se vivió con más intensidad el conflicto con las FARC y que ahora tiene un inmenso potencial turístico es el Cañón de la Llorona, ubicado a 230 kilómetros de Medellín, entre los municipios de Dabeiba y Mutatá.
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