Un matrimonio encantador

Télam
Por Télam

Arturo es un arquitecto de apellido irlandés, ejercía su profesión con éxito en la Capital, se compró un terreno en el Country, construyó su casa y los fines de semana se instalaba allí con Cristina y su pequeño hijo Facundo. Los tres rubios, los tres de ojos azules.

A mediados de los noventa las cosas dejaron de andar bien, eso es todo. Nunca se conocen  mucho los detalles en el country. Cuestión que Arturo y su familia se convirtieron en miembros de la creciente tribu de “Residentes” a quienes la realidad los obligó a optar dónde vivir: allá o acá.

El jardinero de la casa era un joven morochito atlético y jovial, cuenta que a veces le llegaron a deber hasta cuatro meses, pero lo aguantaba a Arturo “porque es buena gente”.

Cristina maduró y sigue buenísima, pero ahora es manjar de otro comensal más importante, porque consiguió un trabajo como secretaria personal de un influyente hombre de negocios de la zona… Por supuesto las malas lenguas dicen que el empresario no la contrató sólo por sus habilidades administrativas.

Un día Cristina salió para su trabajo a las 11 de la mañana. A las tres de la tarde de ese día, el empresario se sintió mal y se retiró. Cristina también volvió a casa.

Cuando abrió la puerta sintió unos gemidos broncos. Avanzó hasta el dormitorio y no vio nada. Los sonidos guturales de placer bestial provenían de la pieza de Facundo, que estaba en Salta en un viaje de estudios. Cristina se asomó y los vio, rojos, sudorosos, afanosos, dando todo de sí. Dando lo que más cuenta y vale. Dando y recibiendo.

Arturo estaba en cuatro patas mientras el jardinero atlético y jovial hacía lo suyo furiosamente. Todo fue muy rápido, ella cerró la puerta instintivamente. Pero él la vio ver y ambos saben que saben.  Se cierra el telón.

A Arturo no se lo vio más por el country. La historia se coló y todo el mundo la supo en dos semanas.
La casa sigue habitada por Cristina y Facundo que continúan con su vida habitual. La familia sigue, pero el mes pasado ya pasaron a la lista de “Morosos en gestión judicial” por falta de pago de expensas.

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