Una historia de numerología y terror
Howard Philips Lovercraft, llamado el padre del terror gótico, imaginó una obra con rituales de muerte, conjuró a los demonios y vivencias para juegos de rol que aunque sus seguidores sepan –o crean saber- que se trata de una supuesta ficción, igual le temen… Aún hoy muchos no se atreven a adentrarse en sus misteriosos simbolismos.
Ese libro es el “Necronomicón”. Pero sólo quienes aman en serio el miedo más profundo se atreven a leerlo. Lovercraft (1890-1937) no tenía idea en pleno goce intelectual de su locura creativa de lo que ocurriría años después en una quinta madrileña llamada “Puerta de Hierro”.
En noviembre de 1974 –cuatro meses después de la muerte de Juan Domingo Perón-, López Rega decide emplear el cadáver de Evita para una operación política-propagandística tendiente a mejorar la alicaída imagen de Isabel Martínez. La idea fue traer el cuerpo embalsamado y ritualizar la política nacional con homenajes a la abanderada de los humildes, basado en la premisa o convicción lopezreguística de que los poderes de convocatoria de Evita serían trasladados al inconsciente colectivo de la sociedad argentina mediante rituales pseudo-esotéricos a los que era adepto el entonces Ministro de Bienestar Social.
Aunque cueste creer semejante desatino, el ritual que desarrolló López Rega fue acostar a Isabelita sobre el cuerpo embalsamado de Evita, y pronunciar en esa posición rituales de tan dudoso origen que hasta avergüenza mencionarlos. Pero los testigos de aquella afrenta al sentido común fueron tantos que el episodio no se puede obviar por más aprehensión que cause la sola mención de tales procederes.
Semejante tragicomedia montada por quienes conducían el destino de la Argentina no podía sino tener un destino manchado de sangre en cualquiera de sus escalas. Y así sucedió cuando comenzó el traslado a Buenos Aires desde Madrid: El cuerpo de Evita era llevado en un furgón custodiado por escoltas armados hasta los dientes hacia el Aeropuerto de Barajas, cuando una disputa entre dos hombres de seguridad (se dijo después que por cuestiones de mujeres), finalizó con una balacera dentro del mismo auto, que se estrelló frente a la sede del Real Automóvil Club de España. El resultado de la trifulca fue: los dos hombres muertos y el cajón con los restos de Evita milagrosamente intactos. Cuando finalmente el cuerpo de la señora Duarte llegó a Buenos Aires, una guardia pretoriana montada por López Rega estrenó a la vista de todo el mundo unas ametralladoras de alto calibre que ni siquiera poseían las Fuerzas Armadas ni la Policía Federal.
La exhibición del arsenal no fue casualidad, sino parte de la premisa de crear miedo en la población opositora. El baño de sangre que promovió aquel gobierno tuvo la intensión explícita de sembrar terror.
Las 1500 víctimas de la Triple A fueron en su mayoría asesinadas con una cantidad nunca menor a los 60 balazos. Como dijo en la intimidad uno de los policías allegados al comisario Almirón (uno de los jefes operativos de los comandos de muerte): “Hay que meterle 100 balazos a cada enemigo. Con dos matamos el cuerpo, con los 98 restantes asustamos a los que se atreven a seguir siendo opositores”.
María Estela Martínez Cartas (Isabel –su nombre artístico- era también como se llamaba su querida madrina, Isabel Zoila Gómez de Cresto), se acercó por primera vez a la religiosidad no tradicional en 1952, cuando el espiritista José Cresto –director de la Escuela Científica Basilio en la Argentina-, le habló por primera vez de la Kábala, una corriente filosófico-mística que se desarrolló dentro del judaísmo. “Todo nuestro destino está escrito en la Kábala”, fue lo que escuchó Isabel cuando sólo tenía 21 años y comenzó a interesarse por el mundo de los espíritus. No fue López Rega quien la inició en esos caminos, sino quien la desvió de las sendas espirituales.
Cresto le hizo una “investigación numerológica” en base a enseñanzas kabalísticas prediciéndole que dos números habrían de tener gran influencia en su vida: el 4 y el 6. Isabel era la sexta hija y había nacido un cuatro de febrero. Hasta ahí, la adivinación venía por la buena senda.
Los años terminados en esos números tenían gran influencia en el carácter de esta mujer. A tal punto que en 1954 tomó la decisión de iniciar una gira artìstica por Centroamérica, convencida que sus dotes de bailarina de chamamés y otras danzas nativas, sumado a su capacidad de interpretar zarzuelas, le otorgaría un buen pasar en las tablas de los centros de diversión nocturna tan popularizados en aquellos tiempos. Tuvo como mentor a un tal Joe Herald, promotor de figuras artísticas a quien se vinculó en el negocio de la prostitución. Perón tuvo suficiente fuerza –aún en medio de su desgracia- para evitar que Herald se quedara con Isabel cuando el líder en el exilio decidió llevarla a España y convertirla en su mujer.
Semejante tragicomedia montada por quienes conducían el destino de la Argentina no podía sino tener un destino manchado de sangre en cualquiera de sus escalas. milagrosamente intactos.
En 1964 –año terminado en el número kabalístico de Isabel- Perón envió a su mujer a una misión en la Argentina: Cortarle las alas a un líder metalúrgico, Augusto Timoteo Vandor, que comenzaba a levantar vuelo en lo que se dio en llamar “peronismo sin Perón”.
Isabel cumplió a discreción su operativo, aunque en definitiva fue un comando terrorista quien terminó asesinando a Vandor en su oficina sindical. Los Montoneros se atribuyeron después el crimen de Vandor, cuando amenazaban a José Ignacio Rucci con aquel canto de…”Rucci traidor… / a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor”.
Las predicciones del espiritista José Cresto después se cumplieron con un cincuenta por ciento de cereteza, como suele ocurrir en toda profecía astrológica. En 1974 Isabel fue ungida la primera mujer que accedía a la Presidencia de la Nación en una democracia occidental. Y en 1976 perdió el poder, sufrió la cárcel y después el destierro voluntario.
En este nuevo siglo, la predicción de Cresto vuelve a estar cercana a la realidad. Si bien las órdenes de captura contra Isabelita fueron firmadas en el 2007, la decisión de procesarla se tomó en un año terminado en 6 (2006), como le profetizó su antiguo espiritista.
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