Parricidio en Pilar: ¿fue mente y obra de una sola persona?

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¿Pudo Leandro Yamil Acosta ser el único mentor y autor material del brutal asesinato de su madre Miryam Kowalchuk y de su padrastro Ricardo Klein, a quienes mataron a tiros, descuartizaron, incineraron y sacaron de una casa en 16 bolsas, en Pilar? La respuesta del juez de garantías Walter Saettone es "sí".

El sábado a las 22, Karen Klein, hermanastra y pareja de Leandro Yamil Acosta, quedó libre. Para el juez no hay pruebas que avalen ningún grado de participación de ella en la masacre. Una falta de mérito no la desvincula del todo. Es decir, seguirá bajo investigación, pero con medio camino a favor: libre y casi despegada del doble crimen.

Para decirlo de otro modo, el juez eligió creerle a Karen. La joven había contado que una mañana despertó por un estruendo, que luego bajó a la planta baja de su casa y que allí vio con sus ojos cómo Leandro ejecutaba de tres balazos a su madre. La mujer había ingresado segundos antes tras llevar a sus otros dos hijos de 11 años a un colegio de la zona.

Siempre según el relato de Karen, luego descubrió que Leandro había asesinado a Ricardo Klein de un tiro en la cabeza mientras dormía.

Según Karen, Leandro la amenazó para que no contara nada de lo que había visto y le dijo: "Yo me encargo de todo".

El tema es que tras los homicidios, alguien cargó los cuerpos en un carro y los dejó en un galpón. Lo cierto es que alguien cortó los cuerpos y los incineró en dos fogatas. Lo cierto es que luego, alguien contrató un cartonero para deshacerse de los restos en 16 bolsas.

Para el juez, todo fue obra de Acosta. Como contracara, el fiscal Marcelo Vaiani presumía que los dos homicidios se pudieron llevar adelante con la suma de voluntades entre Klein y Acosta. Es más, sospecha el fiscal que fue Klein quien financió con su dinero la compra del arma y de las herramientas usadas para descuartizar.

Para derribar el tema de que Klein no pudo hacer nada porque estaba amenazada, el fiscal acreditó que desde los crímenes hasta las detenciones y el hallazgo de los restos Klein tuvo libertad ambulatoria constante. Nunca en esos 12 días, en los que llevó a sus hermanitos al colegio e incluso fue a trabajar a un shopping, se le ocurrió denunciar algo o escapar del horror.

Así están planteadas las cosas: Acosta seguirá detenido y procesado como único autor de la masacre. Karen, en libertad, mantendrá su relato de victimización. El caso sigue abierto. Para colmo, aún resta definir si Acosta, quien nunca declaró, es inimputable como plantea su defensa. A su letrada le habló de canibalismo, de goce y hasta de necrofilia. Un espanto único.

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