Muhammad Bawazir ha pasado los últimos 14 años de su vida recluido en la prisión estadounidense de Guantánamo, en Cuba.
Bawazir tuvo la oportunidad de montarse en un avión y abandonar el penal para siempre, como hicieron otros dos presos, pero decidió quedarse.
Este yemení, de 35 años de edad, rechazó la oferta de reestablecerse en un país que había aceptado acogerlo, porque allí no había ninguno de sus familiares.

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La decisión dejó perplejo a su abogado, John Chandler, quien dijo haber pasado meses intentado persuadirlo.

El caso de Bawazir ha tomado relevancia justo cuando se cumplen siete años desde que el presidente de EE.UU., Barack Obama, firmó una orden ejecutiva para cerrar la prisión de Guantánamo, el 22 de enero de 2009.

Bawazir llegó a Guantánamo a los 21 años de edad, tras haber sido detenido en Afganistán.

En 2008, bajo la presidencia de George W. Bush, se aprobó su liberación pero no pudo ejecutarse debido a la negativa de Washington de enviar prisioneros a Yemen por temor a que algunos de ellos volvieran a representar una amenaza para EE.UU.
Ahora no se les puede enviar a ese país porque está sumido en una guerra civil.


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En los 14 años que lleva en prisión Bawazir ha protagonizado varias huelgas de hambre. En una de ella llegó a pesar 41 kilos, lo que hizo que las autoridades decidieran alimentarlo por la fuerza para evitar que falleciera.
"Está aterrorizado por tener que ir a un país donde no tiene un apoyo garantizado", dijo el abogado John Chandler al tratar de explicar la decisión de su cliente.
El letrado afirmó que durante meses intentó convencer a Bawazir de que aceptara su reasentamiento en un país de acogida y que él finalmente había accedido el pasado martes por la noche.
"No puedo explicar la lógica de su posición. Es simplemente una reacción muy emotiva de un hombre que ha estado encerrado durante 14 años", dijo Chandler.


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El abogado señaló que su cliente estaba deprimido y lo comparó con un personaje de la película "The Shawshank Redemption" ("Sueños de libertad") que, tras pasar muchos años tras las rejas, no es capaz de manejar su vida cuando finalmente obtiene la libertad.
"Él siempre ha sido muy sensible. Cuando estaba en huelga de hambre me dijo: "Todo lo que quiero hacer es morir". Simplemente no aguantaba ese lugar", comentó el abogado.
Aunque ni las autoridades estadounidenses ni Chandler divulgaron el nombre de la nación que había aceptado acoger a Bawazir, el abogado afirmó que "es un país al que yo iría sin dudarlo un segundo".
Bawazir deseaba ir a algún lugar donde tuviera familiares como los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita o Indonesia, pero aparentemente las autoridades estadounidenses no pudieron lograr un acuerdo diplomático para que fuera recibido en ninguno de esos países.
Ahora hay dudas sobre su destino. En especial, a John Chandler le preocupa lo que pueda ocurrir con su cliente después de que Obama abandone la Casa Blanca a comienzos de 2017.