Mauro Szeta
Mauro Szeta
Lo que hizo Aníbal Marcos Gómez no tiene perdón. El sábado a las 9 citó a su ex mujer de 24 años a su casa con el pretexto de cerrar el divorcio. Ella tenía que retirar sus cosas. Así, se suponía, se empezaba a cerrar una historia de pareja.
Lo concretó es que ni bien ella llegó a la casa, él la amenazó con un cuchillo, la encerró en la casa y la empezó a violar. No conforme con el ataque, Gómez obligó a su ex mujer a que llamara a su madre de 44 años.

Entonces, la ex suegra del imputado llegó a la casa y también fue atacada y violada. El cautiverio se extendió cinco horas.

Es más, tan desafiante fue Gómez, que siguió con el ataque mientras familiares llegaban a la casa para visitarlo. El los echaba con excusas.

Tras cinco horas de calvario, la policía terminó liberando a las mujeres, y detuvo al agresor. Ante el fiscal, madre e hija confirmaron que fueron víctimas de los peores tormentos. Es más, la joven de 24 años, además fue apuñalada en un brazo.

Ante el fiscal, Gómez hizo un relato donde culpó a la cocaína y al diablo de todo. Dijo que se crió en Salta, que a los 12 años se prendió fuego el cuerpo y que a los 15 se empezó a drogar. Luego amplió que a los 17 años empezó a escuchar voces.

Seis años después entró en una Iglesia Evangélica y en ese lugar conoció a su mujer, a la que terminaría violando.

Para intentar una justificación de su ataque dijo: "Escuché voces del Diablo que me decían: 'Tenés que hacer un sacrificio'". "Las voces me decían, 'Las tengo que matar'", agregó.

Al finalizar su relato, el violador se intentó justificar: "No voy a soportar un abandono más".

Ahora el fiscal del caso Mario Marini hará una junta de peritos para determinar si el acusado es inimputable, o su relato es una ficción.

Del otro lado del mostrador están las víctimas. Las dos mujeres se animaron a ratificar la denuncia. De excusas o diablos, no quieren escuchar nada. El violador les arruinó la vida.