La peor masacre de la historia industrial: más de 700 muertos
Este martes la cifra de muertes superó las 700 en la fábrica textil derrumbada en Bangladesh. Las autoridades dicen que el edificio era de baja calidad. Los obreros trabajan para famosas marcas internacionales.
Hay ocasiones en que los números no alcanzan a representar la magnitud de los hechos. En las afueras de Dacca, capital de Bangladesh, el aumento en la cifra de muertos por el derrumbe de un complejo de fábricas textiles, que ocurriera el pasado 24 de abril, no cesa. Primero se supo de 70, luego de 170 –hace ya 10 días- y este martes el número trepó por encima de los 700 muertos. Además hay al menos 200 desaparecidos.
El imponente edificio Rana Plaza, un complejo de ocho plantas construido ilegalmente y con múltiples fábricas textiles apiladas, se vino abajo. Está –estaba- situado en Savar, a 24 kilómetros de la capital local. Allí los obreros bengalíes cobran –cobraban-, por su labor, hasta 40 veces menos que un empleado textil en los países en los que las marcas de ropa tienen sus casas matrices. Es la mayor tragedia industrial de la historia.
Las fotos dañan la sensibilidad: los cadáveres de los obreros de fábricas textiles yacen a la vera del derrumbe, en sacones rotosos, a medio hilar. Al costado de los cuerpos, al costado de los escombros, miles de personas se agolpan para reclamar salarios y compensaciones. El pago, dicen las autoridades, está retrasado porque los dueños de las fábricas no dieron aun los listados completos del personal.
Según la Asociación Bangladeshí de Fabricantes y Exportadores del Sector Textil, en el interior del Rana Plaza trabajaban cerca de 3500 personas. Las muertes de obreros textiles no son nuevas en Savar: Los medios locales informan que es, al menos, el tercer accidente en el último semestre. Ninguno, claro, de esta magnitud.
Las empresas –entre ellas se menciona a El Corte Inglés, Mango, Benneton, Bon Marche- llegan seducidas por los bajos costos de las telas, pero sobre todo por el exiguo valor de las pagas a los trabajadores. Incluso China trasladó parte de su producción a los bengalíes. Allí radica el sustento de millones de personas en el continente asiático.
Las autoridades de la Unión Europea analizan bajar la calificación comercial de Bangladesh. Dicen que advirtieron a Bangladesh porque en noviembre de 2012 unos 120 obreros murieron calcinados tras un incendio. Las empresas -europeas, norteamericanas, chinas- no se hicieron eco de los retos al país asiático.
Además de los muertos, hay 2500 heridos. El único detenido por la masacre es el dueño del edificio, un empresario ligado al partido de gobierno bengalí. Este martes preveían el interrogatorio del mismo, así como de inspectores municipales y de los dueños de los talleres. El edificio, se sospecha, estaba construido con materiales inapropiados, y el peso de la maquinaria –y la cantidad de gente en su interior- acabaron con su estabilidad.
Por Brian Majlin
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