Engaño, violación y asesinato

Escribe Mauro Szeta

La historia es oscura en extremo, dolorosa, de las peores que se pueden contar. Ella, estaba dispuesta a todo, incluso a soportar la perversión de él. Patricia Silvina Ardiles, intentó algo que suena delirante, enfermo, imposible de digerir.

A su violador, lo quiso llevar a la iglesia para evangelizarlo. El ataque sexual había ocurrido hace un año, y ella, ni siquiera lo había denunciado en sede policial o judicial. No se sabe por qué, ni se explica por qué, se siguieron viendo.

El sábado a la tarde, ella lo citó a él en la iglesia evangélica del barrio 24 manzanas. Hay testigos que lo vieron llegar a él, Ariel Ozán, con su esposa y el bebé de ambos.

Los mismos testigos lo vieron a solas con Patricia. Ardiles fue víctima de un ataque aberrante. La golpearon, la ataron, la violaron, le dispararon con un aire comprimido, y la asfixiaron. Brutalidad total.

Por el caso, detuvieron a Ozán. Ahora, un cotejo de ADN será decisivo para determinar si es el asesino, como sospecha la fiscal María Sánchez. Las uñas de la víctima, y su intento por defender la vida, podrían ponerle nombre definitivo al asesino.

Los vecinos ya dictaron su sentencia. Para ellos fue Ozán, y por eso le quemaron la casa. No tienen dudas.

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