Lola y su dueño, Christian Kuperbank, trabajaron juntos para encontrar a las víctimas bajo los escombros del edificio que explotó en Rosario en 2013 por una fuga de gas, pero además prestó si olfato para dar con los sobrevivientes del alud ocurrido en Tartagal en 2009.
A nivel internacional, Lola contribuyó para rescatar a los sobrevivientes de los terremotos ocurridos en Chile y Haití en 2010 y en el alud que azotó Guatemala en 2011 así como también en desastes naturales que asolaron China, Turquía y Nueva Zelanda.
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Su sistema era simple: olisquear hasta dar con un humano, escarbar si estaba vivo y ladrar si encontraba un cuerpo sin vida.
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Actualmente existe un grupo de Facebook de Mar del Plata donde se juntan llaves para realizar una estatua de Lola en bronce para homenajear a la valiente perra por su labor rescatista.
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Lola, la perra rescatista
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