Ascenso y caída de un hombre de la noche llamado Bellini

Sociedad

*Después del descubrimiento de la falsificación de dólares, Bellini estaba prófugo en Paraguay, pero hasta allí fue a buscarlo Interpol aunque más tarde su abogado logró ponerlo en libertad.

Cuando los socios de Daniel Bellini en la imprenta clandestina de Parque Leloir fueron detenidos, ninguno de ellos conocía el paradero del dueño de Pinar de Rocha. Pero una mujer que oficiaba de secretaria de la banda, tal vez despechada por Bellini, le contó a un agente de la SIDE que el empresario de la noche había previsto un refugio en una isla del Paraguay, suponiendo que ese podría haber sido su refugio después de la huída de Argentina.


Eran tiempos en que Asunción continuaba gobernada por militares que habían desterrado al dictador Alfredo Streossner después de haber usufructuado el poder junto a él a lo largo de cuatro décadas, y se permitía -mediante el pago de un abultado peaje- a diversos delincuentes mundiales pernoctar en sus tierras bajo la condición de mantener un prudente bajo perfil.


Daniel Bellini había llegado a una remota isla cumpliendo esas condiciones, y en tales circunstancias estableció un santuario de incógnito en un remoto paraje al cual solo se podía acceder por vía fluvial o en helicópteros. Con los gobernantes de entonces las solicitudes de detención de INTERPOL eran papel pintado, así que los EEUU usaron otra forma de persuasión. Conminaron a las autoridades a que entregaran a Bellini bajo amenaza de enviar escuadrones de Marines via marítima y aérea a arrestarlo aún violando leyes internacionales. El gobierno de Asunción no quiso enemistarse con el gigante del Norte y de común acuerdo, una vez localizado el santuario de Bellini, fue apresado junto a sus dos acompañantes con las cuales gozaba las delicias del paraíso terrenal, y traído a la Argentina.


Años después, una estrategia maestra de su defensor Víctor Stinfale le permitió recobrar la libertad y retornó a la noche de Pinar como si nada hubiera ocurrido.

Quedaba en danza en la investigación judicial detectar de qué forma habían sido ingresados a la plaza los dólares falsificados en Parque Leloir. Y no fue difícil hacerlo. En la quinta allanada, uno de los automóviles encontrados era un Peugeot 504, perteneciente a quien se desempeñaba en esos momentos como uno de los directores en ejercicio del Mercado Central: Hernán Bernasconi, ex abogado de Daniel Bellini. El movimiento diario en ese Mercado representaba sumas millonarias, y en ese tráfico de billetes abismal se filtraban los papeles truchos impresos en la quinta de Bellini.


La única forma de que Hernán Bernasconi zafara de los lazos de la justicia era obteniendo alguna forma de inmunidad. Eduardo Duhalde, zar de la Provincia de Buenos Aires, encontró la solución. Aunque Bernasconi había recalado en el Mercado Central merced a su contacto con Antonio Cafiero, el hombre fuerte del peronismo bonaerense advirtió que el Juzgado Federal de Dolores se encontraba vacante. No hay que olvidar que los jueces tienen fueros igual que los legisladores, por lo cuál en ese entonces –no existía el Consejo de la Magistratura-, la designación de Bernasconi fue apurada en el Senado de la Nación y en un abrir y cerrar de ojos el ex socio de Bellini fue nombrado juez federal.


Al Servicio Secreto de la Reserva Federal le importaba que Bellini y “el gallego” Fernández estuvieran fuera de circulación, y una vez conseguido ese objetivo las piezas menores del engranaje las dejó en manos de la justicia argentina.


La tragicomedia de Hernán Bernasconi ofreciendo simulacros justicieros como presunto paladín de la lucha contra las drogas cuando montó la escenografía del sonado “Caso Coppola” es a esta altura un hecho anecdótico.

El material más precioso que los agentes norteamericanos nunca pudieron llevar a Washington, fueron las planchas de impresión donde habían sido dibujados los billetes falsos. En la espesura de las muchas manos que intervinieron en el caso, siempre se supuso que alguien se las había quedado para reutilizarlas en otra ocasión. Pero tampoco nadie confirma ni desmiente la leyenda urbana que se desliza en torno a las misteriosas planchas metálicas.

Así fue la historia de Daniel Bellini, quien figura en los archivos de la Reserva Federal de EEUU como el mejor falsificador de dólares de la historia norteamericana. Hoy su destino corre por carriles más complicados, como es la muerte de su joven mujer.

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