Ascenso y caída de un hombre de la noche llamado Bellini
*Después del descubrimiento de la falsificación de dólares, Bellini estaba prófugo en Paraguay, pero hasta allí fue a buscarlo Interpol aunque más tarde su abogado logró ponerlo en libertad.
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Cuando los socios de Daniel Bellini en la imprenta clandestina de Parque Leloir fueron detenidos, ninguno de ellos conocía el paradero del dueño de Pinar de Rocha. Pero una mujer que oficiaba de secretaria de la banda, tal vez despechada por Bellini, le contó a un agente de la SIDE que el empresario de la noche había previsto un refugio en una isla del Paraguay, suponiendo que ese podría haber sido su refugio después de la huída de Argentina.
Años después, una estrategia maestra de su defensor Víctor Stinfale le permitió recobrar la libertad y retornó a la noche de Pinar como si nada hubiera ocurrido.
Al Servicio Secreto de la Reserva Federal le importaba que Bellini y “el gallego” Fernández estuvieran fuera de circulación, y una vez conseguido ese objetivo las piezas menores del engranaje las dejó en manos de la justicia argentina.
La tragicomedia de Hernán Bernasconi ofreciendo simulacros justicieros como presunto paladín de la lucha contra las drogas cuando montó la escenografía del sonado “Caso Coppola” es a esta altura un hecho anecdótico.
El material más precioso que los agentes norteamericanos nunca pudieron llevar a Washington, fueron las planchas de impresión donde habían sido dibujados los billetes falsos. En la espesura de las muchas manos que intervinieron en el caso, siempre se supuso que alguien se las había quedado para reutilizarlas en otra ocasión. Pero tampoco nadie confirma ni desmiente la leyenda urbana que se desliza en torno a las misteriosas planchas metálicas.
Así fue la historia de Daniel Bellini, quien figura en los archivos de la Reserva Federal de EEUU como el mejor falsificador de dólares de la historia norteamericana. Hoy su destino corre por carriles más complicados, como es la muerte de su joven mujer.






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