Caso Norita – Caso Cabezas: las tres claves que pueden llegar a degradar una investigación
- Errores y horrores sobrevuelan, con casi diez años de diferencia, los juicios por los crímenes del periodista gráfico José Luis Cabezas y el de Nora Dalmasso.
- Tres puntos concretos asemejan los homicidios que, a la distancia, podrían tener más coincidencias de lo que muchos creen.
Una increíble serie de coincidencias traumáticas para la investigación muestran los crímenes del fotógrafo José Luis Cabezas (la madrugada del 25 de enero de 1997) y el de Nora Dalmasso (también en la madrugada, pero del 25 de noviembre del 2006).
A Cabezas lo mataron en una cava a la salida de Pinamar, utilizando un camino que suelen tomar los aficionados a la pesca. Ni bien se hizo público que un cronista gráfico había sido muerte en circunstancias mafiosas, una multitud de curiosos se desplazó al lugar con morboso cholulismo.
Sin que las autoridades policiales y/o judiciales tomaran la medida de cercar el perímetro donde yacían los restos del auto incendiado, decenas de personas invadieron el área, se sacaron fotos y llevaron “souvenirs” de la zona como si en lugar de un crímen en la cava se hubiera producido un encuentro social de “ricos y famosos”.
Por otro lado, los investigadores entraron a la zona sin proteger sus calzados, sin guantes quirúrgicos ni llevando el resto de implementos indispensables para no intoxicar la escena del crimen.
Todos dejaron algún rastro que obstaculizó la pesquisa. Si la resolución del asesinato hubiera dependido del análisis de restos hallados en la cava, la muerte de Cabezas aún seguiría impune. Con el arma sospechosa ocurrió algo similar: pasó por tantas manos que hasta se decía irónicamente que media playa Bristol la había manipulado antes de llegar a los laboratorios forenses. Obviamente que, puesta bajo la lupa, toda prueba estaba invalidada.
Diez años después de la muerte de Cabezas, los mismos horrores en los procedimientos se produjeron alrededor del cuerpo inerte de Nora Dalmasso. Más de veinte personas, incluido un párroco al que la justicia ahora está obligada a realizarle análisis genéticos, estuvieron en la habitación mortuoria.
Además, los forenses no portaban elementos técnicos suficientes para levantar pruebas contundentes y cada uno dejó su aporte de suciedad en el terreno. Igual que en el caso Cabezas, con la muerte de Norita nadie ahora se hace responsable por los desatinos cometidos en la escena donde fue hallado el cadáver de la infortunada mujer.
Las marchas y contramarchas dados por la fiscalía respecto de los patrones genéticos buscados ya dejaron de ser creíbles hace rato, sin embargo la farsa sigue sin que alguna instancia superior ponga freno a este macabro espectáculo. Difícilmente el crimen de la mujer pueda resolverse por vía del “cuerpo que habla”, como llaman los forenses al cuerpo de la víctima y sus inmediaciones.
- Intervención del FBI
El 1 de abril de 1997, el entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, se reunió con el delegado del FBI en el Cono Sur, Robert Fernández, a quien le pidió la colaboración del organismo federal norteamericano en el análisis de los restos hallados alrededor del cuerpo de José Luis Cabezas.
“Daremos apoyo científico a los investigadores”, fue la breve y lacónica respuesta del agente federal norteamericano. De esa forma se intentaba neutralizar las críticas que caían por doquier sobre los actores judiciales y policiales de la investigación del crimen. Los voceros del FBI dejaron trascender extraoficialmente (no pueden hacer declaraciones oficiales) que los agentes de esa institución no estaban autorizados a trabajar en la Argentina siguiendo rastros ni indicando líneas de trabajo.
Entonces, tomarían las pruebas aportadas por el entonces Servicio Especial de Investigaciones Técnicas (SEIT) y los trasladarian a los laboratorios en los EEUU.
La expectativa creada por la intervención de un organismo como el FBI en el caso Cabezas abrió un paréntesis de confianza en la resolución inmediata del crímen, que el tiempo fue diluyendo. El poder político, policial y judicial tuvo un breve respiro, depositándose exagerado optimismo en los análisis que pudieran venir de los mejores laboratorios forenses del mundo.
Nunca se dijo públicamente si los resultados del FBI –en caso que los hubiere- llegaron a Buenos Aires y cuáles fueron sus conclusiones.
Por su parte, en el caso de Nora Dalmasso también ocurre que parece hacerse tiempo generando expectativa y falso optimismo respecto de lo que puedan determinar los peritos forenses del FBI. Ya corre por el séptimo mes y no se conoce el fruto del supuesto análisis de los federales norteamericanos.
¿Son tan lentos los afamados peritos federales de EEUU o detrás del caso Dalmasso hay intereses trabando la pesquisa? Al menos, sabemos que lentos no son.
En nuestra próxima entrega daremos un sólo caso de su capacidad científica, y develaremos la tercera (y aberrante) coincidencia que une los dos crímenes.
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