Hacer dieta puede provocar adicción a la comida

*Un estudio determinó que las personas que empiezan y rompen las dietas todo el tiempo pueden tener el mismo comportamiento que un drogadicto.

Hay muchísimas personas que no paran de hacer dieta. Empiezan una, la rompe unos días después, empieza otra y así sucesivamente. Si sos de estas personas podés tener muchísimo en común con un adicto a las drogas.


 


Un estudio realizado por un equipo Pietro Cottone, de la Universidad de Boston en Estados Unidos, revela que las personas que hacen dietas que abandonan para, al cabo de un tiempo, empezar otra, experimentan el mismo síndrome de abstinencia que un drogadicto al que le falta su dosis.


 


La idea de que la comida inadecuada puede ser adictiva no es nueva. Estudios anteriores, sin embargo, se centraron en el aspecto de refuerzo positivo de la ecuación: por ejemplo, el placer que se obtiene tras comer un dulce de chocolate.


 


Pero el otro lado de la ecuación puede que sea más importante. El cerebro también tiene un sistema de refuerzo negativo que causa estrés y ansiedad durante el abandono de ciertas sustancias. Más que por el placer, los adictos a las drogas las toman para aliviar el estrés asociado a su abandono. Las personas que hacen dieta suelen seguir el mismo patrón de abstinencia y recaída que los drogadictos, por lo que los investigadores quisieron comprobar si había una base fisioneurológica común.


 


Los investigadores permitieron que un grupo de ratas tuviera acceso limitado a su comida habitual durante cinco días, seguidos de dos días de una mezcla especial rica en azúcar y con sabor a chocolate. Se repitió el ciclo durante siete semanas y compararon la ingesta de comida y el comportamiento de las ratas con el de un grupo de control que había tenido acceso sólo a comida habitual.


 


El grupo de control comió aproximadamente la misma cantidad de comida cada día, pero no las ratas del grupo experimental: cuando llegaba el día de las que tenían sabor a chocolate se daban un atracón.


 


A la quinta semana, las ratas experimentales estaban comiendo un 20% más cuando tenían acceso a la comida especial que el grupo de control. Cuando la que tenía sabor a chocolate se sustituyó por la habitual comieron menos, alrededor de un 30% en la quinta semana. Conforme el estudio progresaba, el efecto se hizo más fuerte. No sólo eso, las ratas que pasaban por la privación de la comida especial empleaban menos tiempo en las partes expuestas de un laberinto especialmente diseñado, una medida del incremento de ansiedad. Y cuando volvió la que tenía chocolate la ansiedad desapareció.

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