El siempre cuestionado DT de River habló como nunca de su depresión y confesó que estuvo muy cerca de tener problemas con el alcohol.
Muchas veces criticado, otras tanta alabado, el caso de Matías Almeyda es particular. Y, claro está, tantos idas y vueltas le terminaron jugando una mala pasada al ahora entrenador de River, que se destapó y confesó que tuvo épocas muy duras en las que se apoyó en su familia para evitar caer en otras tentaciones.
"Estuve cerca de tener un gran problema con el alcohol. Fui ayudado. Tuve una familia espectacular que me hizo entender que iba por mal camino. Le di valor a la vida. Mi di cuenta que era un egoísta de mierda", confesó el Pelado en una conmovedora entrevista en el programa Basta de Todo, de radio Metro.
Dichas épocas remiten a sus tiempo como jugador, cuando el ex volante aseguró que tuvo momento en las que lo pasó realmente mal en el aspecto psicológico. "Me decían que tenía que ir a un psicólogo. Me sirvió un montón hacerme analizar. Al principio no creía. Ahora tengo un dialogo más abierto con mis familiares, mi señora y amigos", agregó.
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"Cuando me deprimía no había nada que me levantara. Lo único que quería era estar con los ojos cerrados. Me acostaba en un sillón y estaba tres horas despierto pero no mirando a nadie", completó el DT, quien si bien nunca negó haber tenido etapas de depresión, en ningún momento había dado tantos detalles al respecto.
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Sobre su vertiginoso retiro de la actividad como jugador, tras el descenso del equipo aquella fatídica tarde ante Belgrano de Córdoba, el ex jugador del Parma e Inter, entre otros, manifestó. "Terminaba el entrenamiento y me metía en un tacho con hielo hasta la cintura. Era lo único que me sacaba todos los dolores. Estaban al límite los tendones, los músculos".
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Además, el entrenador tampoco tuvo problemas en aclarar los tantos sobre la polémica salida de Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez del club tras el ascenso a la Primera División. "La manera en la que me maneje fue horrible. Se me fue de las manos. Serán cosas que aprenderé en mi carrera como entrenador", confesó, apenado por el resentimiento que quedó con los dos ídolos del paso millonario por la Primera B Nacional.
Ya hablando del presente, en donde ahora tiene algo de respiro tras las dos últimos goleadas ante Arsenal y Godoy Cruz por el Torneo Inicial, Almeyda se refirió al partido en Sarandí en el que los jugadores lo fueron a abrazar luego de que en la semana había sido muy cuestionado: "Esa semana había sido muy fuerte. El abrazo fue una mezcla de sensaciones y sentimientos. Me descompuse porque se me bajó la presión".
Así, sin pelos en la lengua, fiel a su estilo, pero mucho más suelto que de costumbre, Matías Almeyda mostró una vez más que está entero y que, pese a haber pasado momentos realmente complicados, su amor por River lo terminó salvando.
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