Pocas veces se vio algo como lo que sucedió en la noche del sábado en el encuentro entre Vélez y Arsenal en Liniers, en el que el árbitro Germán Delfino dio marcha atrás sobre un penal cobrado y su posterior expulsión. Sin embargo, a la hora de hilar fino, hay que prestar atención y obligar a preguntarse: ¿En qué se basó el juez para dicha determinación?
Lo primero que se debe marcar es algo indiscutible: el penal cobrado en primera instancia por Delfino no existió. En la repetición se ve claramente cómo el que impacta el balón con la mano es Mariano Pavone y no el defensor Daniel Rosero Valencia, como en un principio creyó el árbitro.
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Por esto, lo antirreglamentario de la cuestión radica en que el cambio de parecer de Delfino se produce luego de que el cuarto árbitro, Lucas Comesaña, chequee en las cámaras de la televisión que el penal no había sido tal. Es decir, se amparó en la tecnología y recién ahí le avisó al árbitro, algo que no está permitido por la FIFA en el fútbol actual.
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"Nuestro ayudante de campo nos dice que no es penal al ver la repetición. Por eso le avisamos al cuarto árbitro", admitió Roberto Abbondanzieri, ayudante del DT de Arsenal, Martín Palermo, en pleno encuentro, lo que no hace más que reforzar el hecho de que Delfino se apoyó en la repetición de la TV para cambiar su parecer.
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Mientras tanto, el juez de línea del otro lado, Andrés Barbieri, ante el repudio de la platea Sur Baja del estadio José Amalfitani, también chequeaba en las cámaras qué es lo que había ocurrido, antes de anoticiar a Delfino de su error.
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