Dudas en la escena del crimen: de Onassis a Garcia Belsunce
- Jueces, médicos y personas tan desconocidas como silenciosas en la escena de un crimen que nunca fue investigado.
- Marcas en el cuerpo y una posible adicción a fármacos de venta prohibida en la Argentina.
- A continuación, la verdad sobre la muerte de Cristina Onassis y un informe nunca antes revelado.
La compulsión de Cristina Onassis por la ingesta de medicamentos para dormir, para adelgazar, psicofármacos, para la hipertensión, los dolores de espalda, de cabeza y otras dolencias hicieron de sus vísceras y su sangre depositarios de todo tipo de residuos medicinales, incluso algunos de venta prohibida en la Argentina.
El informe de inteligencia al que tuvo acceso minutouno.com dice en uno de sus párrafos: “(...) no pocas evidencias permiten suponer que LA CAUSANTE recibió minutos antes de su fallecimiento unos medicamentos a los que era adicta que le fueron suministrados por su sirvienta personal, Eleni Syrros, una mujer que en los interrogatorios judiciales demostró excitación llamativa y un pronto deseo de salir de la Argentina”.
El subcomisario de la Seccional 21 Alfredo Martínez y el médico oficial del Hotel Alvear, Daniel Fedel, fueron quienes confirmaron al allanar la suite del tercer piso, la existencia de una cantidad de medicamentos que llevaba "la occisa" con ella durante todo el tiempo.
El paramédico Edgardo Smecuol de la ambulancia de TIM que llegó al lugar donde se hallaba el cadáver de Cristina Onassis, dijo en sede judicial haber visto sobre un mueble la existencia de una caja de medicamentos Fenfuramina. Derivado de las anfetaminas al que en uno de sus blister le faltaban tres comprimidos.
La posible existencia de algun delito derivado del uso de medicamentos prohibidos motivó la actuación espontánea del entonces juez federal de San Isidro Alberto Daniel Piotti, quien tomó declaración de Eleni Syrros y volcó el siguiente testimonio en el expediente: Dijo su gobernante: "Tomaba medicamentos para adelgazar pues estaba haciendo un régimen para mantener su peso... Si estaba un poco nerviosa tomaba medio Valium ... en los últimos tiempos perdió 20 kilos...”
Sin embargo, quien aportó un dato referido a la toxicidad de algunos medicamentos ingeridos fue el segundo jefe de la Morgue Judicial, doctor Héctor Vázquez Fanego, quien afirmó que “Cristina Onassis antes de morir ingirió el psicofármaco Optalidón, pero en pequeñas dósis”. Esta medicina era de venta prohibida en la Argentina y su efecto residual podía causar trastornos y hasta provocar la muerte.
El documento de inteligencia al que accedió minutouno.com vá mas allá de los productos medicinales que ingería la hija de Aristóteles. En la tercera carilla el informe dice: “(...) Fuentes policiales sostienen que en la espalda de la occisa aparecieron pequeñas cicatrizes rojas, o puntos producidos por alfiler, aguja o jeringa extremadamente fina que no se hace mención en ningún análisis médico ni forense. Personal con que se tomó contacto sostiene que esos pinchazos fueron aplicados tal vez la misma mañana de su muerte, lo que motiva la sospecha cierta de que alguien provocó la desaparición física de Cristina Onassis...”.
Pero a posteriori de su muerte se produjo una serie de acontecimientos entre desprolijos y sospechosos muy similares a los que se está conociendo estos días a raíz del crimen de María Marta García Belsunce.
El doctor de origen colombiano Granadillo Fuentes, que trabajaba para la clínica privada de Tortuguitas “Virgen del Milagro” declaró en la sede policial que cuando se enteró de la muerte de Cristina Onassis concurrió al lugar pero fue expulsado en forma violenta por personal supuestamente de custodia que se comunicaban entre un griego auténtico y un español improvisado. Granadillo Fuentes quiso dar vuelta el cadáver al intuír que algún rastro de la muerte podía hallarse en la espalda de la muerta, tal como se describe en el informe de intelitgencia. Obvio no se lo permitieron. La escena fue pisoteada por propios y extraños y el nerviosismo de los que tenían acceso al lugar era innegable.
Estos acontecimientos son los que hacen sospechar que no se dijo toda la verdad en su momento, que los jueces y las autoridades policiales conocían mucho mas de lo que aportaron al esclarecimiento y que la intervención del abogado de la comunidad griega en la Argentina, Miguel María Marcópulus, tuvo a su cargo los trámites legales y políticos para hacer que prontamente y aún en medio de una investigación que arrojaba sospechas por doquier, el cadáver de la extinta saliera sin dilaciones de la Argentina con destino final a la isla de Scorpios, donde fue enterrada.
La Fundación Onassis le había girado a Marcópulus una suma de dinero (nunca se conoció el monto, aunque se dijo era una pequeña fortuna) para que el letrado apurara los trámites de extradición del cuerpo hacia territorio griego. El juez Piotti interrogaba a Eleni Syrros y sus contradicciones, nervios, transpiración desmedida y ataques de histeria levantaron un halo de sospecha que lo hizo tomar un decisión que merced a las influencias de Marcópulus tuvo que reveer en pocas horas. El magistrado permitiría la salida del cuerpo de Cristina Onassis y a su delegación de acompañantes, pero Eleni Syrros debía quedarse en la Argentina hasta despejar las dudas y contradicciones de sus dichos. Fue solo una expresión de deseos, pues la gobernanta-ama de llaves de la hija de Ari finalmente pudo abandonar el país junto al cuerpo de su ama y su rastro se perdió para siempre en la espesura de una Europa que nunca volvió a saber de ella.
Miguel María Marcópulus rindió cuentas a la Fundación Onassis sobre su tarea en cumplimiento de las órdenes recibidas. Unos años mas tarde, en un extraño episodio ocurrido en su estudio jurídico de la zona de Tribunales, fue baleado por un presunto cliente suyo que se sintió estafado.
Otro episodio tan extraño que algunos pretendieron vincular con los residuos de su participación en la muerte de Cristina Onassis.
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