¿Bajará la carne por el acuerdo Agro-Gobierno?

Economía

Ayer miércoles el gobierno le puso finalmente “el gancho” a una propuesta que varios sectores de la industria de la carne le habían acercado casi dos semanas atrás, para garantizar el abastecimiento sin trasladar los costos al consumidor.

¿En qué modifica este acuerdo la vida de los consumidores? O dicho de manera más brutal y concisa: ¿significa esto que baja o que sube el precio de la carne? Y la respuesta es, lamentablemente, que es probable que todo siga igual que hasta ahora: aumentando de a poco, con los precios de los cortes no regulados por las nubes, y con una actitud de simulación por todos lados: El gobierno simulando que controla los precios pero apretando a los eslabones mas débiles de la cadena (¿cuándo viene el apriete a las multinacionales de los hipermercados?) y los comerciantes simulando que respetan los precios máximos de los cortes populares (y ofertando carne de la buena mas cara).

Pero entonces: ¿para que se hizo?  La firma del acta de ayer no podía no hacerse. Si el Gobierno rechazaba la propuesta de los ganaderos, se endurecía la protesta que de a poco había diezmado el mercado de Liniers y además, iba a generar resquemores en dos soldados fundamentales en este período preelectoral Alberto Fernández y Felisa Miceli, que ya habían dado su aprobación al texto.

¿Y en qué consiste el acuerdo? Básicamente en “sincerar” los costos de la cadena de  comercialización de la carne: Desde hace al menos tres años que cada vez que la carne baja en Liniers, no lo hace en los mostradores.


La teoría que llevaba hasta el momento el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, era la de poner precios máximos al kilo de ganado en pie, es decir, en la entrada del proceso productivo, Esto es tan absurdo como suponer que obligando a las azucareras a vender el azúcar barato, el precio de los caramelos no sube. Si no se controla el precio durante todo el proceso productivo, es muy difícil evitar que el consumidor no pague los aumentos en una economía con los niveles de crecimiento que tiene la Argentina.

La otra pregunta es: Entonces, ¿por qué lo hacía así? ¿El Gobierno es tonto? No parece, ¿no? La respuesta se puede buscar en la disparidad de la capacidad de lobby de los hipermecados multinacionales y de los productores agropecuarios.

Entonces: ¿No sirvió para nada? El hecho de haber sido firmado dos semanas después, entre gallos y medianoche y que no hayan salido a hacer una conferencia de prensa da una idea de la debilidad del acuerdo. Pero no todo está perdido, dicen unos y otros, el hecho tiene varias aristas importantes como haber instalado a la Secretaria de Agricultura como escenario para la discusión con el agro. Hasta hace poco, ese escenario era Comercio Interior. Y el otro hecho es la aprobación de un fondo para sostener a los pequeños productores. No es poco, porque, si esto no tiene intervención estatal, la soja va a seguir ganándole terreno a la ganadería y, como dice un viejo dirigente ruralista “para encontrar una vaca, va a haber que ir al zoológico”.

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