El Hombre Martillo

Economía

* El ruido del martillo neumático llega a los 100 decibeles a 2 mts. de distancia, lo que constituye un riesgo de pérdida auditiva.

El ruido monótono y ensordecedor se escucha a 50 metros, en medio del no menos ofensivo ruido del tráfico del mediodía. El martillo neumático desgaja el asfalto de la esquina porteña de Pueyrredón y Lavalle.

Lalo opera el martillo desde hace dos años, aunque, según  le contó a minutouno.com, hace mucho que está en esto. “No me acuerdo cuanto hace que trabajo en la construcción”, dice.

Todos los días viaja desde Boulogne hasta su lugar de trabajo. Trabaja ocho horas, y cobra $700 por mes. “Es muy poco”, se queja.

“Estoy acostumbrado”, dice Lalo, y el cansancio se transluce en su voz. No es para menos. El martillo pesa unos 70 kilos que, sumados al movimiento del aparato, pueden aflojar al más fuerte. “De los muchachos lo agarra cualquiera, pero hay que estar preparado, porque sin fuerza no podés”.

Actualmente está en una obra de aguas. A su lado, otros compañeros palean los restos de asfalto o sacan tierra de los pozos que Lalo va abriendo. Mientras sigue arrancando el asfalto de la calle, cuenta que cuando termina el día no le duele nada, “está todo bien, pero si no estás acostumbrado, te arranca el brazo”. De hecho, el movimiento del martillo es tan fuerte que estremece brazos, piernas y torso con violencia. Para manejarlo hay que ponerle el pie a un costado, así la punta metálica se hunde mejor en el cemento.

La esquina sigue poblada y las personas que pasan se tapan los oídos o miran con fastidio como si el ruido se sumara a la ya complicada rutina diaria. Pero eso no es nada. Lalo cuenta: “Una vez en San Isidro nos empezaron a gritar de todo, para que paráramos”. El sonido aturde, pero no es culpa de los trabajadores. “A nosotros nos mandan, no tenemos nada que ver”, se disculpa.

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