Los mejores momentos de las "Charlas de Quincho"
* Varios quinchos esta semana, aunque en este espacio clásico creado por Ámbito Financiero se destaca el cumpleaños número 80 de Carlos Pedro Blaquier.
* Como él, Carlos Pedro Blaquier (zar azucarero de considerable fortuna internacional y mejor marketing al respecto) cumplía 80 años, casi todos los invitados le hicieron el mejor obsequio: la mayoría se comportó como si también tuvieran 80 años o más, como si ni siquiera se acordaran de que alguna vez fueron jóvenes. Homenaje al dinero, claro. La única cuota de otra edad la aportaron los nietos del empresario, también filósofo casero, ensayista, coleccionista de cuadros (o inversor en plástica) y, según cuentan, erotólogo (indican esa condición ciertos chistes recurrentes, vocabulario inocultable y detalles de su mansión de mármol ya inhallable en San Isidro).
Por supuesto, estaba todo el mundo o, mejor dicho, todos de un mismo mundo. Más empresarios que políticos, lista interminable con José Alfredo Martínez de Hoz, Domingo Cavallo con su esposa Sonia, Eugenio Aramburu, Gino Bogani -obsesivo con una cámara de fotos, como si fuera un turista japonés-, Daniel Scioli y Karina, Mariano Grondona, Alejandro Estrada, Guido Parissier, Eduardo Escasany, Víctor Massuh y Bernardo Neustadt, quien parecía totalmente recuperado de su semestre insalubre al extremo que confesó sonriente con su mujer, Adriana, al lado: «Estoy tan bien que no sé para qué me casé».
Si no faltó gente (unos 700), tampoco escaseó la comida. Hubiera sido el colmo de la fiesta en el Alvear, cerrado en su totalidad para la ocasión, celebrada al mediodía, no fuera a ser que algún geronte se muriera de madrugada. Entradas de quesos, fiambres, salmones, ostras con caviar, más tarde lomos, pato, pollo, arroces y pastas. Ninguna sofisticación, tampoco el postre: una sobria torta de chocolate con helado. Buen champagne y mejor vino, nacionales, diferente de lo que es la vida cotidiana de Blaquier, siempre con caldos franceses -algunos se le han vencido, debió subastarlos- y españoles.
* Sorprendía no encontrar a Julio De Vido, uno de los ministros que Blaquier siempre recomienda. Más de un observador señaló que en el gobierno todavía hay que pedir permiso -al menos algunos funcionarios clave- para concurrir o no a ciertos festejos. Obvio, no le aplicaron la regla a Beatriz Nofal (se afirma que Mario Blejer sólo aceptaría integrarse a una futura administración cristinista si le ceden el cargo de la ex economista del alfonsinismo), tampoco a Javier de Urquiza, quien utilizaba el celular con tanta frecuencia que alguno pensaba en la llegada de un mensaje de la Rosada para que abandonara el hotel, como en su momento se retiró de la Rural. Cerca, Alberto Kohan, quien ni antes ni ahora requiere autorización de Carlos Menem para asistir a los ágapes. Se advertía la competencia femenina en lujo, sea en ropa o joyas.
La segunda hoja del capítulo invitados venía con Mauricio Macri (con Malala, ya la institucionalización le impide otros regocijos), Horacio Rodríguez Larreta, Ignacio Gutiérrez Zaldívar, Martín Redrado, Lupe Noble, Bruno Quijano, Juan Carlos Bagó, Fernando Marín, Luis Erize, Marina Dodero, Daniel Maman, Cristiano Rattazzi (casi rapado), Alberto Alvarez Gaiani, Jorge Vanossi (su esposa está irreconocible o reconocible en las mismas fuentes estéticas de Cristina de Kirchner), Julio Werthein, los hermanos Born, Quique y Martín Cabrales, Luisa Vara (hermana de Piero), María Cristina Guzmán, Ricardo Estévez, un par de ignotas japonesas con quimonos (¿vestidas por Bogani?) y blanqueadas con polvo de arroz y curas de diversa jerarquía encabezados por monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, venido especialmente de Roma. El mensaje papal con la felicitación por los 80 años –“No puso los primeros 80, pero da igual”-, escrito a mano por Benedicto XVI, fue acercado según el propio Blaquier por Esteban “Cacho” Caselli, quien como en los 90 consigue cartas, condecoraciones, sellos, manuscritos y, si lo desean, lapiceras o almanaques. Todo, claro, por una módica promesa a plazo fijo.
* A Sánchez Sorondo, en el almuerzo, Blaquier le confesaba que era un monógamo empedernido, pero que la estrictez de la Iglesia con la vigencia del matrimonio era anacrónica: se inventó, decía, cuando la expectativa de vida era de 30 años y para el caso de los que nacían sanos. Ahora, cuando uno llega tan lejos en la vida -y eso que se pretende la Eternidad-, esas exigencias de armonía contractual están fuera de uso. Con paciencia católica, el obispo escuchaba; mejor que no trascendiera el diálogo con el Papa inquisidor que lo guía. Como hace Kirchner, quizá no lo dejen asistir a ninguna otra fiesta.
* Rodríguez Larreta y Macri parecían molestos con Jorge Telerman, quien para no irritar a las fieras populares desistió de incrementar el impuesto a los inmuebles porteños, como había anunciado. Ese retroceso, según ellos, suponía que no podrán hacer obras por 700 millones de pesos, como habían imaginado. Curioso: se enojaban porque otros no hacen lo que a ellos les corresponde. Más curioso es observar cómo el ingeniero Macri se distrae con cuestiones menores -por ejemplo, llenar los diarios con el tema de una Secretaría de Seguridad que no tiene policía ni jueces- y nada dice de temas clave: el juego en el distrito capitalino. ¿Seguirá todo igual, como en tiempos de Aníbal Ibarra, como en los de Telerman, siempre bajo la tutela del mismo amigo de Néstor Kirchner, cargado el negocio de presunciones y de desvíos con los funcionarios? De eso, como diría su ex técnico Alfio Basile, «silenzio stampa». Si alguien votó el cambio en la Capital, tal vez se haya equivocado.
* Mismo lugar, otro día, también exultante el hotel -celebraba sus 75 años- con generoso despliegue y complicado apiñamiento (unas 1.500 personas) para comer de parados (salvo unas 20 mesitas al fondo del salón Versalles). Para muchos, debido a la presencia de Mirtha Legrand y Susana Giménez -también la más opaca uruguaya Natalia Oreiro y numerosas modelitos-, el evento resultaba una presentación de los Oscar, aunque no había ni media docena de hombres con smoking y, por supuesto, no hubo un elefante en la fiesta como antaño allí instalara Cao Saravia. Buen recuerdo de lo que fue el hotel, de su arquitectura francesa -hubo videos y souvenirs al respecto-, y el próximo salto que asumirá: una subsidiaria en Puerto Madero y otro menos pretencioso, para empresarios, en plaza San Martín. Habló David Sutton, quien ofreció comida kosher y un concierto previo a cargo de la filarmónica del Colón dirigida por Pedro Ignacio Calderón. Muchos miembros de la comunidad judía identificados por su kipá, como el sanjuanino Jaime Garbarski, feliz por una inyección de 25 millones de dólares para su proyecto de casas económicas en todo el país, Julio Werthein conversando con Norberto Peruzzotti sobre el alza de las tasas -alguna protesta adicional porque hoy se recaudan 29 y se gastan 67, lo que asegura un final poco feliz de gobierno si no se cambia- y gente del Banco Hipotecario, suponiendo que nadie del oficialismo pretende avanzar sobre la institución.
No ignoraban los empresarios asistentes dos líneas que discuten en las inmediaciones de Cristina de Kirchner sobre el futuro económico. Una, impulsada por la Unión Industrial, persigue la continuidad de Miguel Peirano en Economía; la otra, que la atribuyen a operadores de AEA (Asociación Empresaria Argentina), pretende llevar a Mario Blejer a esa cartera: entienden que el año próximo habrá necesidades de financiamiento que sólo un especialista como él puede conseguir. Hablaban de que Blejer estuvo en el país (tuvo una operación) y que piensa volver de Londres para instalarse en el país, aunque nadie tiene claro si se arropará en la actividad privada o en la pública. Para unir las dos líneas, se insiste en lo que ya escribió este diario hace tiempo: dividir Economía en Producción y Finanzas y usar de ese modo a los dos hombres candidateados.
* Demasiada teoría en ese diálogo; más interesante y preciso era el de Ignacio Gutiérrez Zaldívar y Gabriela Michetti, la segunda de Mauricio Macri. Ambos parecían entenderse sobre la necesidad del próximo ministro de Cultura porteño (300 millones de presupuesto), el cual -coincidían- deberá reunir dos condiciones en ocasiones divergentes: un empresario con experiencia que, además, disponga de reconocimiento cultural. Parece quimérica esa aspiración, pero ambos creían en esa posibilidad, mientras la Michetti ofrecía algunas particularidades sobre el nombramiento que ella logró para la Capital, en el próximo gobierno, en la Secretaría de Seguridad. Señaló que el juez Guillermo Montenegro, un íntimo de su familia, será sin dudas el responsable, quien llevará como segundo a Matías Molinero (hoy uno de sus secretarios en el juzgado). Allí se comentó la curiosidad de que el otro secretario del juzgado, Daniel Presti, también dejará el cargo, pero para pasarse a la provincia de Buenos Aires, a la administración Scioli, acompañando a Carlos Stornelli en la misma área de Seguridad: es como si los hombres de la Justicia hubieran decidido copar Capital y provincia, ya que al fiscal Stornelli también lo acompañarán otros hombres del sector como su amigo Paul Starc, Marcelo Lombrico, Carlos Cearra, Martín López Perrando y Mario Filosoff. ¿Es cierto que, para hacer efectiva la tarea, a los nuevos funcionarios se les ofrecerán contratos de 20 mil pesos mensuales?
* Otro lugar para hablar de jueces, el Palacio San Miguel, donde 800 letrados -pagaron 150 pesos cada uno- participaron de una cena organizada por el Colegio de Abogados porteño. Pequeño detalle: por primera vez no hubo invitados de la Corte Suprema de Justicia. Aunque no faltaron, cuando ya circulaban los calentitos algunos conocidos como Diana Conti, Osvaldo Guglielmino, Ricardo Recondo, Leandro Despouy, Santiago Montaña y una Sandra Bergenfeld que, a pesar de no ubicarse en la mesa principal, resultó repetidamente observada. Temas del medio, claro, casi jamón como la depresión de Ricardo Lorenzetti, quien se pasó los últimos años diciendo que intentaba separar a la Justicia de la política y ahora tiene un fiscal (Stornelli) en Buenos Aires, un juez ( Montenegro) en la Capital y al titular de la Corte Suprema de Tucumán (Alfredo Dato) como futuro diputado. No logra lo que quiere Lorenzetti, lo mismo dicen en gobierno, ya que le confían todas las gestiones a Guillermo Maqueda.
De la alta política judicial al episodio lamentable de un juez que, antaño, era el preferido de Kirchner: Gerardo Camaño, hoy con pedido de juicio político en el Consejo de la Magistratura. Tamaño descenso se explicará en la causa, se supone, aunque este hombre que archivó el tema de los fondos de Santa Cruz en el exterior -y que nunca dio a conocer el contenido de su resolución- parece que tuvo problemas con jefes de Gendarmería en la provincia. Ocurre que, para proteger la casa del Presidente en Río Gallegos, se decidió convocar a este cuerpo de seguridad (allí instalado desde que hubo incidentes), pero uno de sus jefes explicó que sólo podía dar el servicio reclamado si lo autorizada un juez federal. Entonces, claro, apelaron al magistrado y, según las versiones, éste no cedió al requerimiento por encontrarse en un estado de presunta beodez. Vino la denuncia, el conflicto, el Consejo de la Magistratura decidirá, aunque más de uno de sus miembros también debería responder por la conducta temulenta de uno de ellos.
* Mientras circulaban los platos, los abogados reconocían que Kirchner perdió uno de los ejes de su discurso: los cambios en la Justicia. Hubo pocos y, durante 2007, ni siquiera se cubrieron 200 vacantes. Para los especialistas, buena parte de la culpa es de Carlos Zannini, ese hermético personaje, consejero del matrimonio que, desde que ingresó oxígeno en su despacho, ha comenzado a descascararse como las momias.
Poco serio el rumbo de la Justicia oficial, ya que es carne de humor la defensa de Romina Picolotti por parte de los abogados Fabián Musso y Daniel Carral, vinculados al estudio del procurador Esteban Righi. Nadie habla de decoro, para no citar la ética, mientras los presentes jaraneaban con el nombre de Alejandro Slokar, zaffaronista y hoy a cargo de política criminal. Como habrá un nuevo programa en Telefé llamado “Cárceles”, se recordó una insubordinación y quema de colchones en el penal de Devoto. Entonces, el responsable de la situación fue Slokar, quien fue enviado a negociar; se perdió contacto con él, hubo preocupación porque se lo imaginaba enfrentado con los reclusos en la cárcel, hasta que apareció más tarde en un bar vecino, comentando las operaciones desde un celular. Muchas bromas, aunque nadie confirmaba si el acto había sido de valentía o no.
* Lo abrazaron y el comedido le dijo: “No tenés remedio. Fracasaste en la política y seguís. Fracasaste en el matrimonio y ahora insistís. Lo único que hacés bien, la actuación, te vuelve tan loco que te hace desmayar. No tenés remedio”. El destinatario era Luis Brandoni, quien a los 67 eligió casarse como Bernardo Neustadt con alguien que lo acompaña desde hace tiempo (Mónica López, ex asistente de dirección de Linda Peretz en la obra «No seré feliz pero tengo marido»). Lugar de la celebración: el San Juan Tennis Club, que algunos imaginaban escriturado por Eduardo Duhalde.
O, tal vez por esa razón, alguien tan vinculado a Raúl Alfonsín descubrió el lugar y la comida (crêpes de verdura, luego lomo con tortín de papas y verduras, para cerrar con un crocante de chocolate). El propio ex presidente asistió a la boda (no así su hijo, Ricardo, quien va en la fórmula a la provincia con Brandoni), en la que Pepe Eliaschev hizo de bastonero, y compartieron mesa Celia Sofovich, Carlos Rottemberg, el luthier Daniel Rabinovich, Jorge Rivera López, Sergio Renán, Guillermo Francella y los hijos de Brandoni.
* El actor venía de desmayarse y suspender su actividad en el San Martín, mientras la mayor parte de los concurrentes se enredaba con el teatro (a Alfonsín le admitían que la publicidad televisiva de Alberto Rodríguez Saá, acusando de atropellador a Kirchner, en dos días ha sido mucho más efectiva que todos los meses de actividad proselitista de Roberto Lavagna). Por ejemplo, Francella viaja a EE.UU. para comprar los derechos de “El joven Frankenstein” (obra de Mel Brooks) y, en la fiesta, le pidió al novio que lo acompañara para reponer la obra francesa “La cena de los idiotas” (genial interpretación en cine del ya muerto Jacques Villeret). Después, como ocurre siempre a cierta edad, muchos recuerdos y la precisión del momento en que se conocieron los novios, cuando Brandoni comenzó a enamorarla: era 2002 y el actor le pidió a Rottemberg que se la presentara, ya que ella trabajaba con su esposa. Y así ocurrió, dijo Rottemberg, quien alegóricamente se despachó casi sin respirar dos letras (B y M) de caramelo que adornaban la torta. Como celestino, se merecía el premio.
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