Los mejores momentos de las "Charlas de Quincho"3

Economía

*  Hijo de la reciente y próspera burguesía kirchnerista, a los 52 años con nueva y pimpante mujer, Gerardo Werthein, de Telecom, festejó de parado en Barrio Parque con interesados de la equitación, gente de la farándula, de la Justicia, empresarios y familiares (con estos últimos bien podría llenar un estadio). Ríos de Veuve Clicqot para un servicio al tono, con Daniel Scioli y señora, Marcelo Mindlin, Claudio Belocopitt, Guillermo Francos, magistrados en actividad y otros ya retirados (caso Jorge Urso, a quien Gerardo no sólo le debe la afición a los caballos, según suele contar uno de los más importantes cambistas del país), la etnia de los Sielecki (aunque sin Héctor Timmerman), Daniel Hadad, Teresa Calandra, Marcela Tinayre, Alejandro Bulgheroni y Sofía Neiman. A veces, la envergadura de la fiesta la proporciona el show convocado: en la ocasión, Alejandro Lerner y un reflotado conjunto musical de los 70 cuyo nombre -evoca un desastre marítimo- se omite por la creencia convencional de que su sola mención genera fluidos negativos. Estúpida observación: gente que desconfía de la existencia de Dios y, sin embargo, se derrumba ante este tipo de convenciones absurdas.
Los concurrentes se entretenían con los detalles del incendio del año: la casa, el día anterior, que Francisco de Narváez le alquiló en José Ignacio, por 5 años, a Azul García Uriburu. Un desastre que arrasó la vivienda por completo -sólo quedó, como vestigio, la bañadera-, quizás la más cara del balneario (conjeturas sobre un valor de 3 millones de dólares), sobre la playa, de madera, en el Club de Mar. Lamento de algunos vecinos sobre el drama del copropietario en el Uruguay, preguntas obvias sobre la existencia o no del seguro de incendio, las causas que originaron el siniestro, en fin, lo de siempre. Quizás, ahora, el millonario legislador bonaerense deberá recluirse para el veraneo en tierras de la provincia de Buenos Aires. Y hablando de casas de verano, se supo allí que la reina de Holanda (junto con la princesa Máxima) vivirá en enero en la sureña Cumelén.  
*  De ese penoso accidente a comentarios sobre la final del campeonato de polo, en Palermo, con aluvión de extranjeros y famosos en busca de más fama. Como siempre, ganó el equipo de Adolfo Cambiaso, quien al concluir el partido corrió con su montada para lanzarse desde la jaca sobre Diego Armando Maradona, como si fuera su hermano de sangre (y con el cual, parece, apenas si intimó hace poco y en un partido de golf). Poco explicable la tremenda emoción para las cámaras, va por el tercer campeonato Cambiaso; menos cuando también se abrazó con los tenistas David Nalbandian y Juan Martín Del Potro, también asistentes privilegiados a su privilegiado coto, casi antes que con su mujer. Algo más que un triunfo parecía en juego, ya que uno de sus compañeros de equipo (el «Lolo» Castagnola) la emprendió a insultos contra un periodista que, se supone, responde a un equipo rival. Hasta a los expertos en cámaras y flashes del cumpleaños les costaba entender el exagerado entusiasmo de los jugadores.
Por suerte, con menos brío, en las tribunas y vips había gente más relajada (Susana Giménez, por ejemplo, a quien debieron cambiar de lugar cuando se advirtió que no estaba al lado de famosos). Caso del primer ministro francés, François Fillon, quien se asombraba de la caballada -el gran negocio del polo-, celebró gozoso el ambiente y, luego, como buen profesional, partió al homenaje a las monjas francesas desaparecidas en la Iglesia Santa Cruz (antes había estado en un almuerzo donde aconsejó que la Argentina se arreglara con el Club de París). En las inmediaciones, Mauricio Macri con su mujer Malala, Bruno Quintana, el nuevo embajador en Francia, Luis Ureta Sáenz Peña, Cristiano Rattazzi, Teté Coustarot, el actor Robert Duvall, Germán Neuss, Ricardo Darín, Andrea Frigerio, Teresa González García, Gabriela Michetti y Flavia Palmiero. Aunque casi ninguno sabe de polo, ni soportan más de un chukker, al espectáculo de las tribunas no se pueden resistir.
*  Pero en lo de Werthein, con tantos protagonistas de aquella tribuna, lo que irritó fue la dificultad para llegar a la fiesta: cruzar Palermo, el sábado, fue la más ridícula travesía ciudadana, un insulto a vecinos y conductores. Sea por el partido de polo, por el gentío que registra el Casino o por el corte de circulación debido al concierto de una radio, lo cierto es que colapsaron Libertador y todas las calles adyacentes: rulos de automóviles, esperas de dos y tres horas, bocineo inclaudicable, casi un día de furia para quien salió con su auto o aquel que vive en la zona. Irresponsable el jefe de Policía que no previó el caos, la Municipalidad que otorga todos los permisos sin ocuparse del daño, finalmente los gobiernos que sólo piensan en aumentar los impuestos, pero no en garantizarles una mínima calidad de vida a quienes habitan la Ciudad.  
*  No eran muchos los elegidos, ni siquiera se sabía si ellos comprendían el valor del conferenciante, finalmente hombres de escasa propensión a estos menesteres. Pero lo cierto es que dos docenas de invitados aceptaron el convite en la UCES y compartieron un almuerzo universitario con quien -odios aparte- reveló un talento admirable para sobrevivir a mil gobiernos al frente de la AFA, una de las organizaciones más poderosas del país: Julio Grondona. Suelto de cuerpo, con desparpajo, al explicar su permanencia en el poder del fútbol a pesar de los militares, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, Grondona se permitió inclusive un consejo para los oyentes: «Hagan como yo, no se metan en política». Justo a ellos que, en su mayoría, sueñan con descollar en esa actividad. Ni Grondona, en su ateneo filosófico de Sarandí, podía reparar que esa sugerencia para atravesar la vida sin sobresaltos, doblegando a cuanto ocasional mandatario apareciera, ya la había mencionado otro longevo que se quedó en la cima hasta el día de su muerte: Francisco Franco, el Generalísimo. También él aconsejaba no meterse en política.
Hubo ensalada caprese, pollo con verduras y ensalada de frutas para una lista de convocados que iban de Diego Guelar a Ubaldo Fillol, de Jorge Asís a Horacio O'Donnell, de Mariano Caucino a Guillermo Marconi, de Federico Bartfeld a Carlos Campolongo, devenidos en admiradores de un personaje que para no perder ni un segundo en las reuniones, menos ausentarse de esas reuniones, alguna vez confesó en secreto que usa pañales como los bebés. ¿O cómo se puede atravesar una cumbre sin una mínima distracción con orientales que jamás tienen límites de tiempo o con tiburones de sumas y restas, también de los repartos de beneficios o acciones? No sólo quien de esto sabe participa del negocio del fútbol: también en el de la construcción de viviendas, de hoteles o inversiones adyacentes. Nadie ignora que para una vasta mayoría Grondona es un misterio.
* No a descubrir ese mediodía, en el cual confesaba -por ejemplo y con detalles- sus impresiones sobre ciertos personajes que interesaban a la audiencia. Costó arrancarle definiciones fuertes o contrarias a Mauricio Macri, apenas si dijo que ojala pudiera hacer en la Ciudad algo de lo bueno que hizo en Boca. Manifestó otra inquina, en cambio, con dos figuras reconocidas: Carlos Bianchi y Ramón Díaz, dos técnicos de fútbol. Sobre el ex de Boca, campeonísimo, dijo: «Yo no soy Macri y a mí, les digo, ni Bianchi ni nadie me deja plantado en una conferencia de prensa», aludiendo a un episodio en el que Bianchi abandonó a Macri en una charla pública con periodistas. Quienes traducen a Grondona leían: «Mientras yo reine en la AFA, jamás Bianchi será el entrenador de la Selección argentina».
Después, casi más irritado, se refirió al risueño riojano Díaz, famoso últimamente por la forma en que elevó sus ingresos en San Lorenzo luego de haber negociado la eventual partida hacia River Plate. «San Lorenzo -afirmó- hoy tiene un gran problema y se llama Díaz. Fue él quien mandó su equipo para atrás en la serie de la Copa Sudamericana que el club ya tenía ganada, sobre todo en el partido con Arsenal. A veces, en el fútbol, la soberbia te mata. Y en San Lorenzo ahora hay gente demasiado complicada.» Casi se contuvo: se expresó con el control del que no quiere meterse en política. Parsimonioso, luego se aventuró sobre la fuga de jugadores argentinos al exterior que provoca el desmantelamiento de equipos y pérdida de jerarquía en el campeonato. «Hay que dar vuelta la ecuación -sostuvo-, vendamos la televisación, no los jugadores.» Fue lo más que se permitió decir de una transacción comercial con el monopolio «Clarín», de la que la parte del león se la lleva el grupo económico y el resto se diluye entre los clubes.  
* Costa Salguero estallaba: no menos de 3.500 personas para una fiesta del transporte (organizada por Fadeac) que permitió el sorteo de camiones, acoplados, 4 autos y 24 viajes por lugares como París o Roma, «all inclusive». Generosa la organización que, además, aportó a la mesa principal, a la familia sindical de los Moyano (Hugo y su hijo Pablo), a Pablo Baratta como delegado de Julio De Vido, a Noemí Rial (la número dos del Ministerio de Trabajo) y a quien, por su demora, obligó a atrasar una hora la celebración: Ricardo Jaime, secretario de Transporte (adujo como kirchnerista respetuoso que el tráfico lo había detenido). Discursos, agua, pancitos en el principio y, cuando la gente empezaba a ponerse nerviosa, empezaron los platos y el fin de la cháchara habitual: muzzarella fresca con verduras grilladas, un clásico lomo sobre tortilla y hierbas y, para darle más entidad al festejo, tal vez para mejorar la tarifa del menú, el chef se prodigó en una «pavlova de mascarpone con carpaccio de ananá y coulis de mango». Lo que, en castellano antiguo para la multitud de camioneros presentes, era helado, ananá y albahaca. Juicio final: espantoso.
Falta menor, claro, en esa chispeante celebración en la cual Jaime comenzó hablando con una mentira: «Aquí está Hugo Moyano, quien hace cuatro años y medio, cuando asumí, fue uno de los primeros en venir a verme para ofrecerme su colaboración». En verdad, en aquellos tiempos, Moyano estaba en guerra contra Jaime y contra Néstor Kirchner: había colaborado previamente a las elecciones -¿acaso esos gestos son sólo de empresarios?- con la candidatura del santacruceño y, por supuesto, pensaba en otro nombre como secretario de Transporte. Le fallaron entonces, no le devolvieron el favor y, por si fuera poco, Jaime comenzó a distribuir subsidios entre grupos empresarios no precisamente afines a Moyano. Hubo que apretar entonces, como apretó Moyano, y naturalmente Kirchner se hizo cargo de los deberes contraídos: le concedió al dirigente camionero parte de los favores recibidos,entre ellos el cargo de número dos en el área de Transporte. Fue luego de ese áspero episodio cuando Jaime y los Moyano empezaron una óptima relación y el Presidente consideró al sindicalista como su más importante aliado.
También, es de suponer, se cambió el rumbo de los subsidios que se repartían.
* Pero nadie iba a hacer historia fina en ese festejo, mientras Moyano evitaba comentarios sobre la inflación (ya ha dicho que espera un reconocimiento del costo de vida real cercano a 20 o 25%, número que ya «le transmitimos a Cristina»), también sobre el asesinato de su tesorero gremial (ya ha dicho que no se trata de una interna del sindicato, cuestión que de tanto repetirla algunos dejan de creerle). Su hijo Pablo, cada vez más dominante, al mismo tiempo alardeaba de que «Mauricio Macri va a entender cómo son las cosas». Todos brindaron luego como si fuera la primera vez. O la última, ya que más de uno advirtió sobre la estrella ascendente de Alberto Fernández, la usina de todos los malos vientos contra De Vido y sus amigos, quien logró ubicar en la ANSeS a Claudio Moroni como reemplazante de Sergio Massa.
Hubo que escuchar recuerdos sobre Moroni de cuando estuvo en la Superintendencia de Seguros, poco gratos claro; allí los presentes descubrieron que mucho antes de la publicación de libros contra De Vido ya existían libros sobre Moroni. Y mencionaban uno, cuyo título no podían precisar bien; se refería al «saqueo». Fin de fiesta con Sandra Mihanovich, algunos kirchneristas de locutores, mientras Alejandro Lerner entonaba su éxito: «Me siento como el culo». Claro, él no participó de los sorteos y, naturalmente, debe pensar que su cachet es insuficiente ante el mundo de los subsidios y de los camiones.  
*  Más de los abogados y la Justicia, esta vez en Santa Fe, en monumental asado organizado por una editorial especializada (Rubinzal-Culzoni) que logró nuclear al titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti (el ministro que le provoca urticaria a Alberto Fernández), el ex ministro de Justicia Horacio Rosatti (quien también le provocaba urticaria al kirchnerismo), el titular del Consejo de la Magistratura, Mariano Candiotti, la vicegobernadora Griselda Tessio y hasta el intendente Mario Barleta. Unas 450 personas, formales como esta descripción, hasta que se aventuró un juez de Salta, Abel Cornejo, con canciones folklóricas y un conjunto adhoc, al que luego siguió
en el canto un atrevido Daniel Vítolo, abogado porteño, con letanías musicales y boleros que entusiasmaron a los presentes con sus propios pasados, lo que se advirtió en la ternura del baile posterior.
Entre pasos y danzas, los invitados judiciales se preguntaban: ¿qué quiso decir la nueva presidente cuando afirmó que, ahora, con Aníbal Fernández en Justicia, se «ocupará» justamente de la Justicia? Justo cuando cualquier balance de la actividad, en estos 4 años y medio, demuestra que la Justicia -en general- ha sido mansa, al menos, con el gobierno. Pero el pronunciamiento a favor del pago a los jubilados, entienden, mortificó tanto al kirchnerismo que la primera reacción fue lanzar el proyecto para hacerles cumplir horario laboral a los jueces, y también obligarlos a pagar el Impuesto a las Ganancias.
Conjeturas, bromas, y un enigma obvio: si la administración prefiere una Justicia más cercana y, por lo tanto, provoca deserciones y renuncias, ¿por qué entretanto no ocupa la multitud de vacancias que existen? Incógnita para el detective Clouseau, algo más excéntrico pero parecido a Fernández.  

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